Y cuando menos te lo esperas... [Priv]

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Y cuando menos te lo esperas... [Priv]

Mensaje por Owen Mc Rigan el Sáb Ene 03, 2015 2:12 pm

Despertarme, levantarme, asearme, tomarme un té junto con una tostada de Soda Bread acompañado de un pequeño bol de Bran Flakes, lavarme los dientes, respirar y mirar por la ventana. Ponerme mis Nike azul marino y blancas, mis vaqueros sencillos, una camiseta azul celeste lisa algo ancha y una chaqueta gris deportiva. Salir por la puerta, volver a respirar, mirar al cielo despejado y soleado y extrañar las nubes de mi tierra natal.

Aquello era París, en plena primavera, totalmente distinto a Irlanda con sus constantes lluvias que dan paso a veranos suaves y llenos de polen. Observar a la gente que también era distinta, con costumbres diferentes y modos de actuar similares. La moda fueras donde fueras regía sobre la conducta del hombre. Mujeres con ostentosos abrigos de marcas innecesarias con precios desorbitantes, zapatos que arruinaban la sencillez de una mujer, prendas que destapan cuerpos sin carne y solo de huesos dejando paso a hombres en la misma línea buscando la mejor presa carnal. Aquello era el centro de París, ciudad del amor, la hipocresía y la moda.

Solo en pensar todo aquello me preguntaba que hacía allí si tanto detestaba respirar aquel aire, pero había decidido finalizar unos estudios que solo Sagesse podría ofrecerme, así que allí estaba paseando por las calles de París en busca de la guardería de mi Tía Evangeline para llevar un recado que ella misma me había pedido un domingo a las diez de la mañana después de enterarme que mi hermano estaba con aquel famoso escritor. Lo cierto que aquello me sorprendió, pero tenía más preocupaciones como encontrar un piso en el que vivir, puesto que pese a la insistencia de Evan sabía que vivir nuevamente en el mismo techo que Deirdre y Liam causaría aún más conflictos.

Finalmente la encontré. Seguía como estaba, una gran edificio burdeos de una sola planta con grandes ventanales que permitían la entrada de luz en las aulas, y que en su parte central era un poco más alto que en sus laterales. No tenía tejado, pero si un gran jardín que envolvía todo aquel edificio y que una gran valla de colores interrumpía la entrada. Empujé un poco la valla de la entrada logrando entrar sin problema, algo que me extrañó pensando que no se encontraba nadie. Avancé por un pequeño caminito que seseaba lleno de piedras color hueso lisas que a sus lados limitaba el césped bien cuidado. Aquello me llevó a la entrada principal en la que se encontraba una gran puerta de madera de cerezo algo más grande de lo normal en la que estaban grabadas las palabras “Imagina, luego entra”. Empujé la puerta y en efecto había alguien dentro, pero me limité a seguir mi camino y dejar aquellos papeles en la gran mesa que había en el despacho de Evan, el cual era el auténtico de una maestra de infantil. Sus paredes estaban forradas de dibujos de sus alumnos, y entre todos ellos pude reconocer un marco con un dibujo que hicimos mis hermanos y yo. Dejé los papeles en la mesa y me acerqué a observarlo más detenidamente.

- Increible…- dijé algo sorprendido. Era tan sencillo como que nos encontrábamos los tres cogidos de las manos con mis padres y mi tía Evan a cada lado. Un dibujo con un tamaño normal y bien colorido. Aquello demostraba lo feliz que éramos.

Justo tras su mesa de trabajo tenía una estantería de estilo vintage a juego con la mesa que ocupaba toda una pared llenas de carpetas con distintas fechas, nombres y colores, y en la parte central varios marcos de fotos en los que salía Evan con mi madre riendo, yo sonriendo con Deirdre en mis hombros con una gran carcajada y elevando los brazos cuando tan solo tenía un año y Liam intentando sujetarla para que no cayera por su pronta hiperactividad, mi Padre con mi tía o simplemente todos juntos. Todos sonreímos, todos éramos felices, pero ahora…

- Cuando demonios comenzamos a separarnos…- volví a decir sujetando con mis manos aquel marco plateado con la foto en la que salíamos los tres juntos. – Cuando comencé a ser como soy…
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Re: Y cuando menos te lo esperas... [Priv]

Mensaje por Alissa Cravoisier el Lun Ene 12, 2015 12:41 am

Mis pies desnudos rozan el verde y fresco césped, siento que tan sólo un fino vestido de seda blanca cubre mi cuerpo, miro hacia delante y veo el cuerpo de un fornido caballero vistiendo un traje blanco. No consigo verle el rostro, esta oscurecido por una sobra que me impide ver sus facciones. Sonrío con calidez en su dirección, esperando que se acerque para poder diferenciar aunque sea el color de sus ojos, pero se mantiene inmóvil en aquel lugar envuelto en una extraña sombra. Me decido a acercarme, no pienso quedarme a mirar a un hombre que no se mueve, deseo ver quien es él. Camino en su dirección, en busca de averiguar quién era aquella persona que tenía frente a mí en aquel paraíso verde. Doy un paso, dos, tres... acelero el ritmo y de pronto tropiezo. Elevo la vista y me encuentro con aquel rostro oculto por aquella sombra que parece estar en su rostro a propósito. Los fuertes brazos de aquel hombre me sostienen con fuerza, impidiendo que llegase a colisionar contra el suelo. Aquel hombre alto de brazos firmes sin rostros consigue ponerme nerviosa, escucho a mi corazón latir con fuerza.

¿Quién eres?— Le pregunto algo enrojecida. Pude notar cómo de la sobra pude distinguir unos labios que me dedicaron una leve sonrisa. De pronto veo cómo éstos se mueven dispuestos a pronunciar la tan ansiada respuesta que esperaba, pero un fuerte pitido consigue que aquel hermoso escenario se desvanezca bajo mis pies.

Siento cómo una fuerte descarga contrae mi cuerpo, y aquella sacudida me hace abrir los ojos cómo si fuese una lechuza. Puedo notar cómo mi espalda está apoyada en el pequeño colchón de una plaza de mi habitación. El teléfono móvil continúa sonando con aquel estridente pitido que tenía por alarma, realmente debería cambiarlo de una maldita vez... Manoteo para apagar la alarma y me incorporo con suavidad, no puedo evitar sentirme entristecida, por mi mente todavía se reflejaba la silueta de aquel fornido hombre que había evitado que cayese cómo si de un príncipe se tratase.

¿Qué pretendes Lissy? Un hombre así sólo se encuentra en los sueños...— Me digo a mí misma mientras sonrío levemente. De alguna manera, siempre busco animarme sola, no me quedan muchas más opciones.

Me levanto y hago la cama, estirando aquella colcha violeta sobre las sábanas blancas. Me dirijo al baño y lavo mi rostro y mis dientes después de liberar mi vejiga de su opresión. Vuelvo al dormitorio en busca de algo de ropa, por suerte hoy no debo preocuparme demasiado por el vestuario puesto que tengo el día libre, aunque debía dejar unos papeles en el despacho de mi jefa Evan. Miro en el armario y saco de él ropa interior blanca impoluta, la cual me pongo con rapidez. Observo durante un instante y mis ojos topan con un vestido blanco fino muy parecido al de mi sueño, corto por encima de las rodillas y de tirantes con un ligero escote bastante discreto. Me lo coloco con cuidado, pues la tela es fina cómo la seda, aunque algo lejos de la realidad, pues aquel vestido era de un mercadillo de hacía tres años. En mis pies me coloqué unos finos tacones blancos, al trabajar con niños no solía utilizarlos, pero he de admitir que me encantaba ir bonita de vez en cuando.

Agarro los papeles de Evan y los guardo en la carpeta junto a un par de carteles que había preparado el día anterior en el que ponía "Se ofrece una habitación en un piso amplio para compartir con persona responsable y ordenada (nº*3 7 *1 0***66)" Le daría uno de aquellos carteles a Evan, con la esperanza de que me ayudase con el tema de buscar una persona con la que compartir la casa.

Agarro mi bolso y tras meter todas las cosas necesarias para el día a día en él, cierro la tapa de mi bolso de tela color marfil y manoteo la carpeta antes de salir de casa. Camino despacio hacia la guardería pensando en el hecho de que por la hora que era, Evangeline lo más probable era que no estuviese en su despacho y más todavía siendo domingo, pero al menos le dejaré los papeles que necesitaba. Me detengo un instante cómo todas las mañanas para deleitar mi visión con aquella hermosa guardería en la que trabajaba, antes de continuar mi camino. Camino por el pasillo y saludo a Matilde, la chica de la limpieza que al parecer ella sí que trabajaba hoy. Continuo caminando hasta llegar a la puerta de su despacho, me detengo frente a ésta y golpeo dos veces con suavidad y decisión.

Con permiso...— Digo con suavidad mientras abro la puerta con cuidado y accedo al interior de su despacho. Mis ojos se clavan en la persona que está frente a mí, la cual desde luego no es Evan. Lo observo con sorpresa y desconcierto, noto cómo el rubor de mis mejillas las calienta levemente, juraría que puedo sentir de nuevo el aire fresco y el césped en mis pies. Lo tengo en frente mío, lo tengo delante pero sin sombras que tapen su rostro. Aquel cuerpo fornido, aquellos labios misteriosos, aquel hombre alto estaba frente a mí y no era un sueño. Trago saliva e intento volver a tomar contacto con la realidad. Aquella belleza tan digna de un personaje de ficción me había desconcertado.

¡Ah! Esto... perdona, venía a dejar unos papeles a Evan. No sabía que hubiese nadie, los dejo y me retiro, no quiero molestar.— Digo mientras me acerco a la mesa de Evan, dejando en ella sus papeles y sobre éstos el cartelito de mi anuncio en busca de alguien que quisiese vivir conmigo. Observé a aquel chico que parecía el de mi sueño una vez más mientras cerraba mi carpeta, pero puedo notar en su rostro mientra sostiene un marco plateado entre sus manos cómo algún tipo de sentimientos triste quizás lo acongoja.

Disculpa... ¿Te encuentras bien?— Le pregunto con suavidad mientras poso mi mano en aquel fuerte brazo que hace que recuerde todavía más al hombre de mi sueño que me sostenía con esos mismos brazos. "¿Ésto era una broma pesada del destino?"
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Mensaje por Owen Mc Rigan el Lun Ene 12, 2015 5:14 pm

Me pasaron mil y un recuerdos por la cabeza frente aquel marco que incluía una foto con miles de secretos. Unos secretos ocultos que pocas personas podrían comprender. Intentaba hacer memoria de cuándo fue la última vez que abracé a mi hermana, que le hice sonreír haciendo que aquellos ojos llenos de curiosidad resaltaran aún más con la fuerza de su sonrisa o las millones de veces que me perdía contando sus pecas mientras la dormía en mis brazos cuando tan solo era un bebé. También intentaba hacer memoria del primer día que Liam comenzó a llamarme hermano y como terminó simplemente llamándome Owen. Yo ya no era su hermano, solo era un simple ogro que frenaba todas sus metas, que miraba mal todo lo que hacían, que no les dejaba respirar haciendo que poco a poco se alejaran. Me detestaba a mí mismo por ser así pero cuando ves a tus seres queridos lastimarse no te queda otra que decir la verdad para que reaccionen y ya estaba más que claro que la verdad en este mundo no siempre era bienvenida.

No caí en la cuenta de que había entrado una muchacha en la habitación hasta que sentí una ligera caricia en mi brazo.

Disculpa... ¿Te encuentras bien?

Me quedé observándola detenidamente después de escuchar aquella voz tan suave. Por un segundo me recordó a mi madre preguntándome si algo rondaba por mi mente con aquella expresión de preocupación con aquellos ojos azules como el mar. Realmente la expresión de aquella muchacha me daba a entender que no era una simple pregunta por quedar bien, sino que lo hizo porque realmente vio a través de mi lo que pensaba. Sus ojos eran tan expresivos y llenos de vida que me llamaron la atención al instante. No era para nada aquel prototipo de mujer mal hecha que había visto hace una escasa hora por las escandalosas calles de París, sino que tenía su propia esencia, su propia magia.

Mi primera reacción ante el contacto físico siempre fue alejarme inmediatamente, pero en aquel momento no podía moverme. Seguía manteniendo aquel marco de fotos en mi mano mientras observaba a aquella chica de pelo azabache que le hacía destacar el rubor de sus mejillas.

- No lo sé. – dije  finalmente mientras volvía a dejar el marco de fotos en su sitio.

Daba igual que fuera una completa desconocida, siempre que me preguntaban era sincero, sin tapujos y diciendo la verdad. Ante aquella sencilla pregunta no podía limitarme a sonreír y menos afirmar que estaba bien porque no me encontraba del todo bien, pero tampoco estaba mal como para decirle eso, por lo que aquella respuesta era un todo.

Me fijé nuevamente en la mesa grande del despachó en el que había dejado los papeles que mi tía me había pedido dándome cuenta de cómo había más papeles aparte de los que yo había puesto encontrando entre ellos un cartel de búsqueda de compañero de piso donde incluía pequeños datos de la descripción de la casa. Miré una vez más a aquella sencilla mujer.

- ¿Es tuyo? – dije sin quitarle la vista de encima mientras señalaba el anuncio. – Hace poco que llegué a París y estoy buscando piso. Vivir con mi tía Evangeline en estos momentos sería un poco caótico así que ando algo apurado con ese tema. – volví a mirar el papel detenidamente. – Obviamente entenderé si dices que no quieres ofrecérmelo puesto que soy un hombre y tú una mujer.

Entendería que le molestara aquel comentario pero aquello era una verdad completamente justificable. Muchas veces te encuentras el caso de mujeres que se encuentran incomodas con la simple presencia de un hombre, aunque sea lo más indefenso del mundo, pero es el hecho de ser un hombre lo que las mantiene nerviosas pero es obvio que se da el mismo caso al contrario. Por lo general los machos solo quieren vivir con machos y las hembras que solo desean compartir sus hogares con hembras. A mí por el contrario me daba igual que fuera mujer, hombre que caracol, lo importante era solucionar mi problema de conflicto.

Volví a retirar mi mirada para observar a la muchacha de blanco que había irrumpido mis pensamientos caóticos tan preocupadamente y que tal vez me diera la oportunidad de solucionar uno de mis tantos problemas.
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Re: Y cuando menos te lo esperas... [Priv]

Mensaje por Alissa Cravoisier el Dom Mar 01, 2015 3:34 am

Su respuesta poco concreta no me tranquiliza del todo, pero no separo mi mano de su brazo buscando darle apoyo. Su voz irrumpe en el despacho de Evangeline otra vez, con ésta voz tan masculina me hace estremecer.

¿Es tuyo?— Me dice señalando el anuncio que acababa de dejar, a lo que asiento rápidamente sin pensar.—Hace poco que llegué a París y estoy buscando piso. Vivir con mi tía Evangeline en estos momentos sería un poco caótico así que ando algo apurado con ese tema.— Su voz sigue distrayéndome aunque lo que realmente me llama la atención es enterarme de que aquel hombre que parecía sacado de un sueño, era el sobrino de mi jefa. Mis ojos lo observan con detenimiento y sorpresa, respiro hondo y exhalo suavemente el aire intentando retomar la compostura.—Obviamente entenderé si dices que no quieres ofrecérmelo puesto que soy un hombre y tú una mujer.— Me dice mirando el papel todavía.

Me apuro a contradecir esa teoría carente de sentido, si justamente las personas acabamos emparentadas siendo de diferente sexo, será porque somos compatibles para la convivencia. Me apuro a ponerme delante de él y alzo mi mirada en busca de sus ojos.

¿Quieres venir a tomar un café a tu nueva casa y hablamos? Que no te veo muy bien de ánimos, perdón por la impertinencia.— Le comento mientras cruzo mis manos en mi espalda y lo observo sonriente. Realmente si le agrada el piso estaré contenta, el alquiler no es que me fuese muy caro, en él vivía una anciana que acababa de fallecer y el hijo puso la casa en alquiler con un precio bastante asequible, pero me hace falta unos ingresos extras para cubrir algunos gastos.

Caigo en la cuenta de algo tan simple cómo que todavía no sabía el nombre de aquel moreno de ojos del color intenso del mar. Me pongo erguida y le sonrío con energía y dulzura, aquellas aptitudes que me habían otorgado la experiencia de trabajar con niños.

Por cierto, encantada, me llamo Lissy y trabajo aquí para tu tía Evangeline.— Le digo mirándole a su rostro angelical. Quizás tenga la suerte de compartir piso con aquel hombre sacado de mis mismísimos sueños, y si así es al final, estoy realmente emocionada. Ahora mismo la incertidumbre me machaca, espero con sinceridad que le guste mi casa y acceda a vivir conmigo porque sin duda alguna, si éste moreno preocupado accede a que compartamos piso, viviría con el corazón en un puño, acelerado y a punto de estallar, porque sin conocerlo de nada, con tan sólo ver su silueta, me hace recordar mi sueño.
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Mensaje por Owen Mc Rigan el Sáb Mar 07, 2015 6:19 pm

En este mundo nos podemos encontrar con dos tipos de personas; las completamente desconfiadas, que son las más inocentes y las inocentes, que son las menos inocentes por su alta percepción del mundo y de los demás, algo que aquella chica tan sencilla me estaba demostrando ser. La gente no suele meter rápidamente a gente que acaba de conocer hace cinco minutos en su casa, pero después de aquel comentario mío sobre la diferencia de sexos es como si le hubiera hecho reaccionar y le diera igual todo lo demás. También he de admitir que la expresión de aquella joven me hizo recordar en parte a la de mi madre cuando observaba en mí el mal estar, algo que sin darme cuenta esta misma había calado.

- Por cierto, encantada, me llamo Lissy y trabajo aquí para tu tía Evangeline. – dijo mirándome directamente aún a los ojos con aquella expresión tan pura.

- Owen.- respondí tras su presentación. – Entonces debes conocer a mis hermanos, o al menos a nuestra lobata. – dije señalando la pequeña pelirroja de una de las fotos. – Tengo entendido que Dee ayuda a Evan con temas de programaciones, algo que al parecer se le da bastante bien.

Una vez más me quedé absorto ante todas aquellas fotos con miles de recuerdos que me hacían preguntarme que estarían haciendo en aquellos instantes o donde se situaban. Realmente deseaba verlos, pero con mi gran aparición me ganaría un zarpazo o desprecio por lo que prefería esperar un poco más.

- Con respecto a tu oferta, acepto. – afirmamé mientras intentaba serenar mi expresión de preocupación. – En breves comienzo mis clases en Sagesse y necesito un lugar donde poner en orden mis cosas.

Aquella chica prácticamente me había dado el aire que me faltaba en aquellos instantes en los que me preguntaba donde acabaría sin causar conflictos, por lo que estaba algo agradecido por su hospitalidad, algo extrañamente desconcertante a día de hoy en este mundo. Una vez más no pude evitar fijarme en aquel aspecto suyo que por alguna razón trasmitía algo de paz, por lo que pude entender por que trabajaba para Evan, puesto que aquella característica era algo que se consideraba importante a la hora de ejercer aquel trabajo.

Comencé a caminar hacía la puerta del despacho para dejar atrás todo aquel arsenal de recuerdos e intentar dar pie a la que sería mi nueva vida en París, un lugar que al comienzo no me hacía mucha gracia por su nido en ciertos temas que me descomponen, pero como en todo siempre había algo o alguien que te hacía cambiar tu forma de pensar y dar una pequeña oportunidad a algo que creías que ibas a afrontar solo.

Me paré en seco frente al marco de la puerta quedándome apoyado sobre este mirando a aquella joven tan peculiar y llamativa que tan amablemente me había tratado.

- Esperaré en el jardín delantero hasta que acabes lo que tengas que terminar y ya vamos donde tú me lleves. – le comenté con un tono de voz algo agradecido. – No hay prisa, así que tranquila.

Y tal cual dije eso procedí a ir a aquel jardín tan bien cuidado que incluía algunos setos llenos de color que daban aún más vida aquel lugar. Ciertamente mi tía había logrado plasmar la alegría que ella misma transmite nada más verla haciéndome sentir una vez más como en casa.
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Re: Y cuando menos te lo esperas... [Priv]

Mensaje por Alissa Cravoisier el Dom Abr 12, 2015 5:55 pm

Cuando pronunció su nombre podía sentir que era la dulce melodía entrando por mis oídos. "Owen..." me repetí para mí misma hacia mis adentros. Así se llamaba el hombre con el que había soñado y tenía delante de mí.

Entonces debes conocer a mis hermanos, o al menos a nuestra lobata.— Comentó mientras señalaba una de las fotos. He de admitir que me sentí un tanto confusa por el término lobata mientras señalaba a una pelirroja de las fotos, a la cual deduje que se refería. Negué con la cabeza con suavidad. — Tengo entendido que Dee ayuda a Evan con temas de programaciones, algo que al parecer se le da bastante bien.— Comentó. Aquella chica que señalaba la había visto un par de veces en la guardería, pero siempre desde lejos, nunca había tenido el placer de cruzar palabra con ella, pero la verdad es que normalmente había mucho ajetreo y trabajo en la guardería cómo para poder relacionarme con el resto de la plantilla. Pude observar cómo se mantenía allí absorto, lo que me hacía pensar en que podría hacer, pero lo mejor que pensé  fue disfrutar de aquel silencio juntos.

Con respecto a tu oferta, acepto.— Dijo rompiendo el silencio. Una enorme sonrisa se dibujó en mi rostro, la cual no pude disimular ni cuando comentó que iría a Sagesse, ni cuando caminó hacia la puerta quedando apoyado en el marco de ésta con aquel enorme y fibrado cuerpo que me hacía enrojecer y adorar cómo si fuese un dios griego. Lo observé con la sonrisa todavía dibujada en mi rostro, seguramente con cara de tonta y embobada.

Esperaré en el jardín delantero hasta que acabes lo que tengas que terminar y ya vamos donde tú me lleves. No hay prisa, así que tranquila.— Comentó con un tono de voz que me encantó antes de dirigirse hacia su destino.

¡Espera! Voy contigo, ya he terminado aquí, podemos irnos juntos dando un paseo.— Le dije dirigiéndome hacia él en su misma dirección.— Mi casa está cerca de aquí, así que no tardaremos en llegar.— Le comenté sonriendo mirando hacia arriba en busca de su rostro. A decir verdad, no estaba segura de qué acababa de ocurrir, de pronto el hombre con el que había soñado aparece en mi trabajo, casualmente busca un piso para compartir y con el cual voy a volver a casa, cuando había salido de ésta sola. Además era familia de mi jefa Evangeline... Ésto claramente no era una casualidad, realmente me asustaba un poco ver tanto "coincidencia" seguida, pero... ¿Por qué preocuparme? Simplemente, espero que todo fluya cómo esos ojos aguamarina.

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