¡Moussaka para cenar! [Priv]

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¡Moussaka para cenar! [Priv]

Mensaje por Arizona Steward el Miér Ene 14, 2015 2:21 pm

Aquel primer día agotador acabó por sorpresa con una ayuda poco más que inesperada. Mi padre me decía siempre que las cosas sucedían cuando menos te lo esperabas, que aunque estuvieras en un campo desolado siempre habría alguien para tenderte la mano y que jamás se podría dar por hecho que todo se podría logar solo. Había llegado a París con la intención de dejar mis pesadillas atrás y aventurarme en un terreno lejos de mi circulo de confort en el quemi madre me abrazaba por las noches cuando gritaba o donde los amigos me sacaban de casa para hacerme sonreír, pero ahora me encontraba en París, organizando mi vida y con un alma inesperada ofreciéndome su mano para ordenar mi nueva zona de confort.

Fui con Leonardo a un pequeño supermercado que había cerca de mi casa y compre los ingredientes necesarios para hacer la dichosa moussaka que tanto deseaba hacer aparte de otros alimentos como leche fresca o pan. Mi nevera estaba prácticamente desierta, llegando a haber únicamente un par de huevos, media botella de leche, una lechuga, arándanos, algo de mantequilla y sin contar cosas como pasta, arroz, especias o té poco más se podía hallar.

Tras salir de aquel supermercado con las bolsas llegamos rápidamente al que era mi nuevo hogar. Mi casa se encontraba en un barrio sencillo y cálido donde podrías encontrar más clones de casas como la mía. Me encantaba porque era de una única planta, como una sencilla casa mata y aunque no era lo más moderno del mundo me era familiar con aquel tejado típicamente americano. No tenía porche pero si un pequeño jardín en la parte trasera donde podía tender la ropa o hacer mis ejercicios por las mañanas. Crucé el pequeño pasillo hacía la puerta de mi casa la cual abrí tras dejar un segundo las bolsas en el suelo. Me giré para mirar a mi ayudante el cual le había cargado con una de mis bolsas de compra anteriormente.

- No te asustes mucho…- dije con una mueca de preocupación.

Nada más entrar deje mis zapatos en la entrada guardándolos en un pequeño mueble color beige de estilo clásico que tenía en la entrada y me adentré hacía la cocina para dejar las bolsas.

- Si no te importa ¿podrías quitarte los zapatos? – añadí alcanzando la encimera de la cocina. – El suelo es de madera buena y esta casa es de alquiler, no quiero problemas con la casera. Hay unas zapatillas rojas de ir por casa en el mueble que hay a tu izquierda, si quieres úsalas.

Mi hogar era como una gran habitación con muchos rincones. Nada más entrar encontrabas un recibidor que tenía una pequeña puerta que te llevaba a lo que era un gran salón lleno de cajas, un sofá de piel color chocolate encima de una alfombra roja y negra y en frente del sofá un mueble de madera de arce color marrón claro en el que debería tener una televisión que aún estaba metida en su caja. A los lados hay dos estanterías de madera de cerezo chocolate oscuro esperando a ser llenadas de libros y marcos. Justo a la derecha del salón se encontraba una de mis partes favoritas, mi cocina estilo americano con encimera de mármol negro, por la que si te asomabas te permitía ver mi nevera negro mate con una pequeña vitrocerámica que incluía un horno de tono plata justo debajo de ella y distintos cajones o muebles que envolvían la cocina. Había escogido esa casa por su cocina sobre todo, aunque había que admitir que la bañera estilo vintage de mi cuarto de baño era fascinante.  

Dejé las cosas en mi encimera y me dirigí hacía unas puertas corredizas de tono beige claro que incluía un cristal opaco dividido en seis en cada puerta que se encontraba justo entre la cocina y la estantería de al lado de donde debía estar mi televisor.

- ¿Te importaría abrir la terraza un poco? Hace un fantástico día como para no aprovechar el clima. – dije sonriendo y entrando en mi cuarto.

Cerré las puertas y me cambié rápidamente a algo de ropa un poco más cómoda.

- ¡Ah! Y si te apetece un té háztelo, tengo la tetera eléctrica justo en el mueble de al lado del horno. – le comenté mientras me quitaba aquella ropa molesta y me ponía mis shorts vaqueros, una camiseta de tirantes negra, un suéter grisáceo suelto y me hice una coleta rápida para que no me estorbara el pelo.

Salí rápidamente para atender lo mejor posible a mi ayudante.

- ¡Vamos! – hice señas con mis manos para que entrara. – Mi casa no come. Siéntete libre de hacer lo que te plazca, ¡mis cajas hoy son tus cajas! ¿Recuerdas lo que te expliqué de los números, no? Las que pone un uno son del salón, las del dos son de la cocina, las del tres de mi cuarto, y las del número cuatro simplemente ignóralas.

Y ahí me encontraba, dispuesta a sacar todas aquellas cajas de mi precioso salón para darle forma y poder respirar tranquila, aunque también tenía la sensación de que iba a ser una tarde llena de sorpresas.
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