A la sombra del almendro en flor [Priv]

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A la sombra del almendro en flor [Priv]

Mensaje por Satine Lawler el Jue Oct 23, 2014 4:56 pm

Llegué a París bastante emocionada, me había alquilado un pequeño departamento con un salón, cocina, baño y dos dormitorios, con la esperanza de encontrar compañera de piso, más que por el tema económico por el hecho de compartir la casa con alguien y hacer la estadía en París más amena. Dejé mis cosas en aquel departamento y me dirigí a Sagesse, con mi mochila en la que guardé no sólo las llaves, la billetera y el teléfono, si no también una bolsita con bollos de chocolate y mi bloc de dibujo con dos estuches, esperando conocer la universidad en la que empezaría mis tan ansiados estudios.

Cuando llegué a Sagesse me sorprendí de lo enorme que era el campus universitario, pero qué se podía esperar de una universidad tan prestigiosa como aquella. Canturreando observé los diferentes edificios que habían, viniendo de una familia de arquitectos, he de admitir que aquellos edificios eran casi obras de arte, se veía claramente como los habían restaurado respetando el estilo de la época. Mientras caminaba canturreando, disfrutando del verdor del que gozaba el campus, me detuve al ver un inmenso y hermoso almendro el flor, el cual daba mucha sombra y lo envolvía un delicioso aroma a flores frescas.

Me puse bajo la sombra de aquel almendro, con la vista en dirección a un montón de flores "pensamientos", y tras estas el edificio de la facultad de letras. Respiré hondo y me dejé caer, dando mi culo contra el césped verde y cruzando las piernas en canastita. Quien me viese allí de aquella manera pensaría que era una yonki que se había perdido, pues he de admitir que para la gente "normal" yo era un espécimen único y extraño. Mi jardinero largo vaquero tenía un tirante desabrochado, dejando verse mi camiseta de colores extravagantes como las de los hippies de los ochenta, con colores vivos haciendo espirales. En mis pies, unas converse negras llenas de coloridas manchas debido a la cantidad de veces que me las puse para pintar. Mi pelo, totalmente suelto, desaliñado y más ondulado de la cuenta demostraba que no me había esforzado demasiado en peinarlo, es más, ése día ni el peine había tocado.

Saqué de mi mochila la bolsa con los bollitos de chocolate, dejándola a mi lado, el bock y los estuches. Apoyé mi espalda en el ancho y sólido tronco de aquel árbol, con la esperanza de que ninguna hormiga me subiese por el hombro. Flexioné mis rodillas y las junté para poder usarlas a modo de caballete, pasé un para de hojas y comencé a mirar el paisaje, empezando a bosquejear con un lápiz de punta gruesa, blanca y muy oscuro, plasmando rápidamente el contorno del edificio y su fachada, el espacio de las flores y el pasto y un par de árboles que había en mi plano de visión.

Me quedé reflexionando durante unos instantes, embobada con aquellas flores. Realmente me encantaban los "pensamientos", me había preguntado tantas veces por qué le habrían dado un nombre como ése a aquella flor, quizás para hacer a la gente pensar como lo estaba haciendo yo en ese preciso instante, o tal vez para plasmar que los pensamientos tienen diferentes colores dependiendo de en qué estén enfocados, quizás un pensamiento malo fuera de color gris, y uno de preocupación violeta. Y mientras mi mente divagaba y mis dedos se entretenían, jugueteando con el pendiente de mi labio, pude sentir como unos pasos se aproximaban a mí, pisando aquel verde pasto que lucía tan verde, aquel día tan despejado de primavera donde a las once de la mañana, el sol pegaba ligeramente fuerte.
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Re: A la sombra del almendro en flor [Priv]

Mensaje por Deirdre Mc Rigan el Jue Oct 23, 2014 11:13 pm

Aquella mañana al abrir las cortinas de mi habitación supe con solo mirar al cielo que hoy tendría problemas. Aquel sol primaveral amenazaba con quemar mi piel. Pero pese aquella mañana soleada que me había puesto un poco de mal humor fui con ilusión a Sagesse con mi mejor pantalón vaquero roto en la rodilla izquierda y una fina blusa de algodón con tirantes de color granate algo ancha que hacia juego con mis botas marrones de tobillo alto. Ese día esperaba hacer algún nuevo amigo, algo de lo que escaseaba precisamente, y ni el sol ni nadie iban a impedirlo.

Mientras caminaba entre aquel enorme lugar lleno de espectaculares arquitecturas que dejan con la boca abierta a cualquiera que le fascine un poco la historia y el arte, me dedicaba a observar a cada una de las personas que iban pasando. Unas tenían cara de no haber sonreído en un par de años, y digo un par de años por que se les notaba la marca del entrecejo arrugada. Otras por el contrario se las veía felices con sus parejas, amigos o hablando por teléfono contándose cualquier cosa que les hiciera reir.

Me detuve un momento y observe como mi piel comenzaba a ponerse algo roja.

- Maldita sea…- dije entre dientes mientras sacaba mi bote de crema de factor 50 de mi mochila de piel.

Sabía que por mucha crema que me pusiera si no me ponía pronto bajo la sombra de algún árbol terminaría roja, y no, no me apetecía que mi primer día de clases en Sagesse me conocieran como “La roja” “La gamba” o vete a saber qué, de modo que comencé a buscar lugares donde poder descansar un poco.

Me adentré en los jardines mientras me ponía algo de crema en los brazos. Recuerdo como mi tía Evangeline me repetía una y otra vez “Cuando veas los jardines te van a encantar” y no se equivocaba. Tenían árboles perfectos para subirse en ellos o para acurrucarse en su sombra, y aunque el día se presentaba con aquel clima sin ninguna gota de lluvia se podía oler perfectamente toda aquella maravillosa naturaleza. Por un segundo cerré los ojos y me vino a la mente los bosques de mis tierras que tanto extrañaba.

Al abrir los ojos nuevamente mi piel volvió a avisarme que no era hora de andarse con sentimentalismos así que busqué rápidamente un árbol que me ayudara a calmar la irritación de mi piel bajo su sombra.

Comencé a andar hasta que vi un gran almendro florido que me estaba llamando a gritos. Aceleré el paso y cuando quise darme cuenta había alguien sentado disfrutando de su sombra. Sentí  los nervios asomarse en mi estómago con un par de hormigas danzando a su antojo, pero respire y seguí adelante fijándome en lo sencilla que era la persona que se encontraba. No era para nada repipi, más bien me dio la impresión de que era lo más normal del mundo dentro de aquel lugar lleno de marcas como Louis Vuitton o Prada, además que me pareció ver que llevaba un jardinero sencillito, y aunque me podía equivocar y me podía dar con un canto en los dientes decidí avanzar y dirigirle mi primera palabra a aquella persona.

Supuse que me escucharía llegar, pero rápidamente me incliné para ver que boceteaba, aunque frente aquella acción el agujero del pantalón de mi rodilla izquierda decidió resquebrajarse un poco más. “Se tu misma, se tu misma” pensé para mis adentros.

- Si eso es un boceto habría que ver la magia que haces con tus manos. – le dije con una amplia sonrisa en mi rostro. - ¡Qué maravilla!

Me paré a observarla y caí en la cuenta de que era como una muñeca de porcelana llena de piercings.  Y no, Definitivamente  no era un jardinero de Louis Vouitton o Prada.
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Re: A la sombra del almendro en flor [Priv]

Mensaje por Satine Lawler el Vie Oct 24, 2014 5:50 pm

Me quedé con cara de sorpresa, no imaginé que de golpe fuera a aparecer alguien como ella a mi lado. Aquel cabello pelirrojo, aquel rostro tan pálido, aquella forma tan extraña de vestir... ¡No era una pija repelente de las que se solía ver por París! Por primera vez en mi vida no me sentí un bicho raro. Cuando pronunció aquellas palabras me quedé pensativa y enrojecida por unos instantes. Em... Em... "habría que ver la magia que haces con tus manos", ¿cómo tomaba como aquello? ¿cómo un halago o como una forma de coqueteo? Ya de por sí yo tendía a tergiversar muchas cosas, de modo que preferí tomarlo como un alago antes de mal pensar ante aquella diosa pelirroja.

Gra- gracias...— Dije todavía enrojecida, era la primera vez que alguien valoraba algo que pintase, si no me dedicaba al dibujo técnico, en casa me miraban con mala cara o decían "pareces una niña de cinco años pintando arbolitos" cosa que realmente me frustraba. No estaba segura de cómo actuar frente a un halago, era la primera vez que recibía uno y no estaba segura de qué hacer al respecto. Respiré hondo y me hice a un lado, dejándole sitio para sentarse junto a mí.

Siéntate a la sombra conmigo si quieres.— Le comenté al correr mi culo hacia un lado, el tronco de aquel almendro era incríblemente grande, y había sombra de sobra para las dos. Recordé mis bollitos de chocolate, y no tardé en agarrar la bolsa y acercársela para ofrecerle.— ¿Quieres? Hay caracolas de chocolate, croisants de chocolate... Hay muchos, me encanta el chocolate.— Le comenté intentando ser amable.

A decir verdad yo nunca había tenido amigas, siempre me tachaban de bicho raro y nunca se acercaban a mi si no era para ponerme a parir, de modo que no estaba muy segura de cómo tratar con aquella pelirroja tan increíblemente bonita que tenía frente a mí, tan amable y llamativa que por momentos creía que estaba siendo una alucinación mía. Quizás el destino me estaba dando la posibilidad de tener una amiga, la primera amiga de verdad de mi vida, quizás suene raro que a mis veintitrés años no haya tenido una sola amiga, pero quizás el problema era yo, la sociedad en la que vivía no encajaba conmigo, o más bien, no encajaba yo con ella... Pero si el destino me había mandado a la diosa pelirroja, no perdería esa oportunidad de hacer una amiga, y lo daría todo de mí para conseguirlo.

Me llamo Satine Lawler, acabo de mudarme a París, estudio bellas artes aquí en Sagesse.— Le comenté intentando ser corté y buscando la manera de entretenerla para que se quedase conmigo. A decir verdad me sentía muy sola, una ciudad en la que no conozco a nadie, en la que no tenía a nadie... ¡A saber si encontraba compañera o compañero de piso rápido! ¡Cierto! Debía buscar rápido, no estaba segura si mis padres cancelarían las tarjetas por haber hecho lo que me dio olímpicamente la gana. Pasé la página del bloc de dibujo y comencé a bosquejar un cartelito, en el que me dibujé a mi con cara graciosa y en el que ponía "Se busca compañero/a de piso, departamento del centro, habitación propia, buen ambiente. ¡Urge!" Bajo aquel anuncio coloqué mi número de teléfono y comencé a ponerle colores. Casi se me olvidaba hacerlo, tendría que hacerle fotocopias a color y colocarlo en los diferentes departamentos a ver si con suerte alguien se decidía a compartir piso conmigo.
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Re: A la sombra del almendro en flor [Priv]

Mensaje por Deirdre Mc Rigan el Sáb Oct 25, 2014 11:54 am

Caí en la cuenta cómo tras decir mi magnifica frase de “Si eso es un boceto habría que ver la magia que haces con tus manos.” la había vuelto a liar. Cierto color rosado se asomaba por sus mejillas. Otra vez dije una de mis citas con doble sentido sin pensar, pero al observar como dibujaba realmente no pude pensar otra cosa. Mi hermano Liam siempre me decía que todos tenemos un don, y que de una manera u otra hacemos magia con ese don, y por como pude ver en aquel rápido boceto ella tenía un maravilloso don en aquellas finas manos.

Al agradecerme aquel alago con doble sentido escuche por primera vez aquella dulce voz un poco titubeante. Empecé a observarla y me percaté de su cabello tan largo y bonito que al instante me generó una sensación de pereza solo con pensar la dedicación que le pondría para tenerlo así. Definitivamente era como una frágil muñeca de porcelana que me miraba con unos curiosos ojos profundamente azules como el mar mientras me ofrecía educadamente sentarme a su lado y unos deliciosos dulces con chocolate. Desprendían un dulce aroma dulce que se mezclaba con el suyo mismo.

- Me llamo Satine Lawler, acabo de mudarme a París, estudio bellas artes aquí en Sagesse. – dijo sin retirarme la mirada.

Pronto vi como la inquietud se  asomó por su dulce rostro y comenzaba a escribir algo en otra hoja.  Vi como dibujaba rápidamente una carita graciosa acompañado de un "Se busca compañero/a de piso, departamento del centro, habitación propia, buen ambiente. ¡Urge!"  y su número de teléfono. No pude evitar volver a observarla detenidamente mientras intentaba acoplarme a su lado para robarle uno de aquellos deliciosos dulces que era poco más que un delito si no lo aceptaba.

- Fafine…- dije mientras mordisqueaba uno de los croissants. – Mi fonfe ez Difde.

“Muy bien Dee, esos modales te van a llevar a la soledad eterna…” pensé para mis adentros. Tragué aquel delicioso bocado e intenté vocalizar nuevamente.

- Perdón…- hablé nuevamente algo ruborizada por mis modales. – Me llamo Deirdre, pero puedes llamarme Dee si gustas. – Le regalé una de mis mejores sonrisas – Yo estudio educación infantil en el departamento de letras de aquí. Creo que vamos a ser...¿vecinas?

Terminé aquel bocado con ansia y me recordé que debía volver a ponerme un poco más de crema en mi piel algo rojiza por culpa del sol.

- Vaya, veo que estás buscando compañero de piso. – saqué mi súper bote de crema solar prodigiosa factor 50 que no hacia un carajo y me puse algo de crema en los brazos y hombros mientras hablaba como si la conociera de casi toda la vida. – espero que no se te cuele ningún repelente. Llevo más de un año aquí en París viviendo y hay cada “bicho”

Hice énfasis en la palabra bicho porque lo que predominaba en aquella ciudad de innumerables misterios era el sector bicho. Señoras con abrigos que dan ganas de ponérselos de sombreros y otras categorías de personas que parecían de todo menos humanas. No digo que París fuera mala ciudad, a mí me encantaba, pero había que tener cuidado con quién te juntabas o acercabas.

- Si te ves muy apurada dímelo. Siempre puedo hablar con mi tía para que te eche una mano. A fin de cuentas nuestra casa es muy grande y la solidaridad es algo que los Irlandeses lo llevamos en la sangre….al menos en mi familia. – supuse que la palabra “¡Urge!” indicaba que estaba un poco en apuros.

Sé que era una completa desconocida, que me podía tomar por loca o psicópata, pero cuando estás en una ciudad y conoces a poca gente se pasa mal a menos que no tengas a alguien para darte una mano. Prefería arriesgarme y que me llamara grosera a no ofrecerle mi mano para que aceptara mi ayuda.

Me incliné sobre aquel enorme tronco que invitaba a cerrar los ojos por un segundo y respirar toda aquella mezcla de olores. Pude percibir el sonido del viento rozar por cada uno de los pétalos de las flores delicadas del almendro, el murmullo de algunos pajarillos festejando el buen clima primaveral, el sonido del lápiz contra el papel, el olor a dulce que se mezclaba con aquella chica tan sencillamente sencilla…

Volví a abrir los ojos y la observé una vez más mientras esperaba su respuesta mientras seguía escribiendo en aquel papel.
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Re: A la sombra del almendro en flor [Priv]

Mensaje por Satine Lawler el Sáb Oct 25, 2014 5:46 pm

Cuando aquella pelirroja agarró uno de los bollitos que le había ofrecido y comenzó a intentar hablar con la boca llena, no pude evitar soltar unas risitas, tapando mi boca con la parte externa de la mano, realmente era muy graciosa. Cuando ruborizada se disculpó me pareció tan tierna... ¡¿Por qué disculparse?! con lo graciosa que había sido. Deirdre, que nombre tan extraño pensé, pero bueno... ¡Más extraña era yo! Con nombre francés y apellido inglés, no era quien para juzgar un nombre ajeno, no era que me desagradase aquel nombre, al contrario, por su extravagancia me encantó. Dejé el bloc y los lápices a un lado y agarré una caracola y comencé a comerla mirando al cielo mientras seguía escuchando la dulce voz de aquella pelirroja mientras me hablaba.

Tenía gran razón en una cosa y era el hecho de que se me metiese algún "bicho" en casa, quería conocer gente y compartir el piso con alguien para poder divertirme y sentirme menos sola, pero si me encontraba con alguien opuesto a mí, lo que no era muy difícil, estaría en graves problemas, quería una convivencia más tranquila y no vivir un infierno. Aquella pecosa terminó por sorprenderme del todo cuando me ofreció la ayuda de su tía, con la cual imaginé que vivía al decir "es una casa muy grande". A fin de cuentas la compañía me urgía más por la compañía que por el tema económico, pues durante años y años guardé todo el dinero que me daban mis padres en una cuenta, y la suma que tenía en el banco me daba para vivir incluso años sin trabajar. Me quedé mirándola con la cabeza ligeramente alzada, mi mirada en su rostro y la caracola en mi boca, mis manos apoyadas contra el pasto se movieron para retirar el pedazo de caracola de mi boca y tras tragar me decidí a hablar.

¡Eres un encanto Dee!— Le dije con una inmensa sonrisa en el rostro.— Pero mi problema no es económico, es más si te digo la verdad ni el alquiler me interesa, es sólo que no quiero vivir sola, quería conseguir una persona que me hiciese más amena la estancia en París, al fin y al cabo me vine completamente sola y con mis padres ya no me hablo.— Concluí antes de meterme el pedacito de caracola que me quedaba y devorarlo. Por la manera en la que me lo comí, lo más probable fuese que alguna que otra mancha de chocolate, en mi boca habría quedado seguro.

Por un instante miré el gran bote de crema protectora que tenía, era obvio que su piel sería delicada, las rubias y las pelirrojas teníamos que lidiar con escondernos del sol en las horas pico si no queríamos terminar con un "hermoso" tono rojo cangrejo en nuestra piel. Me acerqué a ella y saqué un poco de crema de aquel bote, buscando su espalda y comenzando a colocar un poco de crema sobre sus hombros y su nuca.

Déjame ayudarte a ponerte crema dónde no llegas.— Le comenté mientras con delicadeza le esparcía la crema. Realmente aquella era una muchacha muy agradable y peculiar, estaba muy feliz de haber decidido plantar mi reposera bajo la sombra de aquel almendro en flor. El olor a la crema, el chocolate y las flores, creaban una fragancia única, sumada a la de la piel que desprendía, mi dulce amiga colorada.
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Re: A la sombra del almendro en flor [Priv]

Mensaje por Deirdre Mc Rigan el Dom Oct 26, 2014 11:00 am

- Gracias – contesté agradecida mientras me ponía crema donde era difícil llegar.

Por lo general siempre que amanecía así mi tía me ayuda a ponerme crema, es más, no me deja salir de casa sin crema puesta, pero hoy con la emoción del primer día dije a todo que sí y salir por la puerta toda decidida sin tener en cuenta este “maravilloso” sol.

Me quedé pensando sobre su respuesta mientras notaba sus manos en mi espalda. ¿Sus padres no le hablaban? Eso era durísimo. Solo de pensar que eso me podría pasar a mí hacia hizo que mi estómago se me retorciera. Es cierto que mi hermano Owen solo me hablaba para regañarme, que su simpatía no era agradable, pero me hablaba, al igual que el resto de mi familia. ¿Pero ella? Si se le sumaba que encima no conocía a nadie no debía estar pasándolo muy bien.

Comencé a dar vueltas a mi anillo sobre mi dedo pulgar mientras pensaba por todo lo que estaba pasando aquella chica que llevaría escaso tiempo en París. Cuando yo llegué mi tía era la que me orientaba con sus“ahí no entres, son unos sucios mentirosos” “ese lugar la dueña es una ancianita adorable” “esa librería a la mínima te estafa y el dueño es un gruñón por si fuera poco” “en esta cafetería solo entra gente sabía, es pequeña, acogedora y algo antigua, pero llena de gente como tú”y así con cada uno de los lugares que pisábamos. Para mí todo eran caras felices que intentaban venderte algo con sus lenguas bífidas, pero poco a poco fui dándome cuenta de quién era cada cual.

- ¿Has pensando en poner el anuncio en la biblioteca de Sagesse? – dije convencida mientras miraba como la brisa arrastraba algunos pétalos del árbol. – Yo ya la he visitado y por lo que he podido ver no hay muchos especímenes de gama alta que se asomen por allí.

Era cierto, la gente ya no apreciaba los conocimientos que los libros podían darte. Preferían coger un ordenador haciendo sus trabajos con un simple copia y pega que acariciar la tapa de un libro y abrir sus mentes adquiriendo nuevos conocimientos que podrían beneficiarlos en sus oficios.

- Es ese edificio tan grande que está cubierto de una maravillosa enredadera de campanillas azules en su entrada. ¡Ahí seguro que te dejan poner tu anuncio y alguien que merezca la pena acude! – dije animadamente. – Tienes que pensar lugares estratégicos donde gente como tú acudiría.

Me giré para mirarla a la cara y levantando un dedo comencé a exponer mi análisis de zonas.

- Si lo pones en una cafetería demasiado ostentosa la gama alta al ver que es zona centro acudirá a ti como lobos hambrientos. En los pasillos de tu departamento puedes encontrarte con todo, desde creídos que se creen que su arte es arte y podrían llenarte la casa de vete a saber que, hasta gente con sentido de la inteligencia, pero por lo que más quieras no metas a alguien de psicología en tu casa…- puse cara de espanto. – ¡el 90% se vuelven grillados y analizan hasta los sofás!

Caí en la cuenta de que estaba hablando demasiado, que a lo mejor ella ya tenía pensado donde poner aquel llamativo anuncio y yo lo único que estaba haciendo era dando una mala impresión mía juzgando algo que no debía. Bajé la mirada a mis manos que seguían haciendo bailar el anillo entre mis dedos. Comencé a sentirme algo mal por cómo había juzgado a los demás sin conocerlos, tal y como hicieron conmigo en mi infancia.

- Lo siento. – no me atrevía a levantar la mirada mientras me disculpaba. – No me hagas mucho caso, siempre digo lo primero que pienso…

Finalmente cogí mi anillo con mi mano derecha y me lo puse cerca de mi ojo derecho para intentar ver a través de él el rostro de Satine.

- Igualmente si necesitas mi tía y yo te ayudaremos encantadas. – Intenté sonreír pese al malestar que sentía dentro después de mi sermón juzgando a quién no debía. Baje el anillo nuevamente para mirarla mejor. – Dame tu móvil, te apuntare mi número por si necesitas ayuda o consejo. Nunca se sabe que podría pasar.

La brisa rozaba mi rostro mientras me permitía oler cada una de las fragancias que se mezclaban allí. Me arremoliné mi cabello con mis manos para dejar de pensar en el malestar y deje que todo aquello me invadiera de otro modo. Aquella era yo misma, no una cualquiera que daba consejos sin sentido moviendo la cabeza como los tontos. Era yo, y eso es lo que importaba.
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Re: A la sombra del almendro en flor [Priv]

Mensaje por Satine Lawler el Dom Oct 26, 2014 4:32 pm

Tras terminar de ponerle la crema en aquella piel tan suave y delicada me senté cerca de ella a su lado, no tardó en comenzar a hablar y hablar, aconsejándome cosas tan emocionada, dándome orientaciones de dónde encontraría gente de algún u otro tipo. Realmente me parecía tan dulce y encantadora, era obvio que la gente como ella escaseaba, realmente deseaba a una persona tan auténtica como ella para vivir, alguien con quien la estancia en París se me hiciese amena. No podía evitar sonreír al verla parlotear de aquella manera sin cesar, pero cuando vi que su rostro se inclinaba hacia abajo y se disculpaba mi sonrisa se transformó en una mueca de duda. ¿Qué le acababa de ocurrir? Con lo vivaracha y feliz que estaba contándome todo aquello. La observé con mayor detenimiento y cuando su rostro se volvió a girar hacia mí decidí que era mi turno de hablar.

Y para encontrar a alguien como tú ¿Dónde tendría que colocar el cartel?— Le respondí con una amplia sonrisa en mi rostro. Realmente vivir con alguien como ella se me hacía una idea bastante agradable, era tan vivaracha y parlanchina que la idea de compartir piso con otra persona que no fuera ella me parecía ya casi inexistente.

Cuando me volvió a hablar para pedirme el número de teléfono, agarré el cartel que había preparado y se lo entregué, al fin y al cabo en él estaba mi número apuntado. Agarré el bloc con un lápiz en el que apunté en letra cursiva y decorada con tréboles "Dee" y se lo entregué.

Puedes anotar ahí tu número, luego lo agendo en mi teléfono. Eres una persona muy agradable Dee, me encantas, estoy tan feliz de haberte conocido— Le comenté sonriente mientras agarraba otro bollo de chocolate y comenzaba a mordisquearlo mientras miraba las nubes pasar. Estaba feliz porque ya conocía a alguien en París, y más importante, alguien de Sagesse, estaríamos en la misma universidad, en caso de que no se quisiera venir a vivir conmigo, por lo menos tendría compañía dentro de la universidad, aunque fuésemos a carreras y departamentos separados estaba segura que la podría ver, además con su número de teléfono podríamos vernos fuera de Sagesse si ella lo deseaba. París era una ciudad bastante completa, tenía todo tipo de lugares divertidos para ir, e incluso si agarraba el coche podríamos ir a las afueras dónde tenía entendido que había playa, montaña, río... Realmente era una ciudad maravillosa.
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Re: A la sombra del almendro en flor [Priv]

Mensaje por Deirdre Mc Rigan el Mar Oct 28, 2014 12:39 pm

“— Y para encontrar a alguien como tú ¿Dónde tendría que colocar el cartel?”

Resonó esa pequeña pregunta en mi cabeza un par de veces. Primero acepté con ganas uno de aquellos cartelitos que doble acto seguido delicadamente para meterlo en mi mochila, después agarré el blog que me ofreció para apuntar mi teléfono mientras me decía lo feliz que estaba por haberme conocido. No todos los días me decían eso. Contenta de escuchar aquello y sin poder evitar una sonrisilla tonta y algo de rubor en mis mejillas comencé a escribir mi número añadiéndole un pequeño duendecillo feliz que combinaba con los tréboles que ella había dibujado.

- Supongo que somos especímenes de edición limitada, como los bichitos que te dan en los videojuegos que te mueres por encontrarlos pero nunca aparecen. - Me acababa de comparar con un muñecajo de un videojuego cualquiera, pero era cierto, no todos tienen mi forma de pensar, ni mucho menos de actuar. No todos se acercan y se paran a pensar en cómo se siente el otro ni mucho menos le ofrecen un nuevo hogar a una persona que conocen de hace diez escasos minutos. No, la gente de hoy en día no hace eso.  Yo por mi le habría dicho encantada de ofrecerme como su compañera de piso, pero vivía con mi tía y más encima le ayudaba con sus programaciones.

Extendí mi mano y le regresé el papelito con mi número de teléfono y el de casa. – Si es una urgencia y me llamas durante la tarde y no lo cojo es porque ayudo a mi tía en su guardería, así que llama al de casa, que está asociado a la guardería. – le expliqué detalladamente. – Y ni se te pase por la mente “¿Y si molesto?”, tu llama y listo.

A decir verdad no recibía muchas llamadas, únicamente de mi hermano Liam o mis padres, pero cada vez que colgaba y veía a mi tía como me miraba comprendía que ella también ansiaba que alguna de esas llamadas no fuera de un familiar, sino de algún amigo.

- Además, conozco varias cafeterías donde seguro que disfrutarías. – Extendí mis piernas en el césped y comencé a hurgar con mi dedo índice en el agujero de mi rodilla.

Por fin había hecho una amiga, eso ya era un reto. Por fin iba a tener a alguien que no fuera mi hermano para contarle lo maravilloso que me parecía el día, las travesuras de los pequeños en la guarde, lo gruñona que era la vecina o si necesitaba escaparme ya no tendría que hacerlo sola. Puede que fuera una tontería para los demás, pero para mí era lo más serio del mundo. Incluso hoy que me había levantado molesta por ese dichoso sol ya no me importaba. Hoy era uno de esos buenos días que realmente eran buenos.
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Re: A la sombra del almendro en flor [Priv]

Mensaje por Satine Lawler el Miér Oct 29, 2014 7:01 pm

Esa pelirroja no podía hacerme parar de reír, era muy graciosa y además muy entregada a los demás, realmente eramos "bichitos únicos". Me llamó la atención de que trabajaba en una guardería, poca gente trabaja y estudia a la vez, suelen dedicarse a una cosa u otra, pero nunca a ambas y menos en aquella ciudad de pijos.

Eres muy graciosa Dee, gracias por todas las atenciones.— Le comenté con una sonrisa de oreja a oreja. Realmente se estaba tomando muchas molestias cuando apenas nos habíamos conocido, hasta el pequeño duendecito que dibujó me arrancó una sonrisa. Cuando me comentó lo de las cafeterías me hizo pensar que quizás podríamos hacer algo juntas, nunca había podido disfrutar de pasar el día con una amiga y quizás aquella estaba siendo la primera oportunidad para poder conseguirlo.

He oído que en el centro comercial está lleno de tiendas diferentes. Tengo que ir a comprar unos botes de pintura, de modo que si me quieres acompañar podríamos ir después a comer algo dulce y podríamos ir a ver una película al cine, creo que reproducían por petición del público una comedia de Rob Schneider, en ese cine hacen votaciones mensuales de dos películas que hayan salido, y éste mes aprobaron la de "¡Éste cuerpo no es el mío!", no la he visto de modo que podríamos ir juntas, luego podríamos jugar a los recreativos y tomar algo fresco. Podríamos quedar sobre las cinco y media de la tarde en la puerta del centro comercial. ¡Yo invito!— Le comenté, realmente si trabajaba sería por que necesitaba el dinero, o quizás sólo lo hacía por ayudar a su tía, pero de todas maneras no quería caer en una negativa por aquel motivo. Por ahora el dinero no era algo que me agobiase, de modo que tenía vía libre para tomarme un día sabático. Agarré un croissant de chocolate y le dí la bolsa con el último a Dee.

Me quedé pensando en que debía llegar a casa para ordenar las cosas y buscar dinero, además la nevera estaba completamente vacía y la compra es algo que también debía hacer, pero eso no me preocupaba demasiado por ahora, siempre podía pedir una pizza o irme a comer a un kebap, aunque deseaba ahorrar lo máximo posible para no encontrarme en apuros en ningún momento.

Dicen que a partir de las cuatro de la tarde se nublará, tu piel estará a salvo si se cumple el pronóstico.— Le dije antes de terminar de comerme aquel delicioso bollo de chocolate que había traído.

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Re: A la sombra del almendro en flor [Priv]

Mensaje por Deirdre Mc Rigan el Sáb Nov 01, 2014 1:45 pm

Después de que me agradeciera todos los consejos que le había dado me comentó felizmente un grandísimo plan y la súper noticia de que mis queridas nubes regresaban de vuelta para protegerme de aquel sol maligno que quería tostarme acompañado del último de aquellos sabrosos dulces bocados.

- Oh! Gracias Satine…

Mientras aceptaba la bolsa donde se encontraba el último croissant iba a decirle que si sin pensarlo a aquel maravilloso plan de compras artísticas, cine, dulces y recreativos, pero caí en la cuenta de las obligaciones que tenía cada tarde junto con mi tía.

- Me encantaría Satine…- dije algo tristona – pero no suelo acabar hasta las siete de la tarde entre semana. El centro cierra a las seis y después solemos tener asamblea para saber bien que hay que hacer al día siguiente. – Seguí explicándole – Realmente no formo parte de la plantilla pero ayudo con las programaciones, el material que hay que preparar o la ambientación, ahí donde lo ves ¡una guardería es un follón! Ahora estamos con programaciones relacionadas con la primavera y ya me dan hasta alergia.

No odiaba mi trabajo, pero cuando tenías que hacer mil flores de mil colores con distintos materiales para decorar las aulas, y mil cosas más, terminabas hasta las mismísimas narices.

- Si quieres…- continué. No me apetecía rechazar aquella proposición. – Si quieres podríamos quedar este sábado. ¿Te apetece? ¡Ahí si tengo todo el tiempo del mundo!

La última frase la dije con tal energía que hasta elevé la voz y pude ver como algunos que pasaban por aquella zona se me quedaban mirando y susurraban cosas que tampoco me apetecía pararme a pensar que eran. Poco a poco no pudo evitar salirme una risilla tonta la cual intenté parar carraspeando mi garganta. Me apoyé sobre mis rodillas mirando a aquella chica de porcelana y volviendo a levantar mi dedo índice apuntándola le dije muy seriamente.

- Pero a la próxima invitaré yo. – intenté no reírme, pero eso de decir las cosas seria cuando estaba radiante de felicidad por dentro era muy difícil. – Y no me vale un no por respuesta ¿vale?

Obligué a mi dedo índice a dejar de amenazar a mi nueva amiga y volví a sentarme normal. Estaba realmente feliz de poder quedar con alguien que no fuera mi tía o mi pequeña mascota. Estaba tan sumamente feliz que no podía dejar de sonreír como una boba una y otra vez.
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Re: A la sombra del almendro en flor [Priv]

Mensaje por Satine Lawler el Mar Nov 04, 2014 5:49 am

Era jueves, tendría que esperar dos días para volver a ver a aquella muñeca pelirroja tan bonita que tenía a mi lado. Pude soltar una carcajada cuando me comentó que quería invitar ella la próxima vez, me parecía tan tierna cuando se ponía de aquel modo.

Bueno preciosa, me parece genial que el sábado quedemos. A las cinco y media en la puerta del centro comercial si te parece bien. Cualquier cosa si no puedes mándame un mensaje al móvil.— Le comenté mientras guardaba las cosas en mi mochila. Podía sentir las piernas adormecidas a causa de estar sentada tanto tiempo. Giré mi rostro para volver a recorrer con mi mirada a Dee, realmente era una preciosidad, no solía mirar a chicas con ojos diferentes, pero realmente debía admitir que aquella chica era una preciosidad, además su forma de ser tan diferente, tan divertida... ésa chica realmente era única, con una personalidad realmente atractiva, aquellas bromas... aquellos gestos... y físicamente he de admitir que era espectacular. Podía notar mi rostro ruborizarse, pensando todo aquello me sentía súper lesbiana por momentos, algo que me confundió... ¿Por qué estaba mirando tanto a aquella chica?

Respiré hondo, se me hacía tarde y debía ir a mi facultad a informarme y buscar los apuntes de algunas materias de la carrera, desgraciadamente para mí no podía pasar mucho más tiempo con Dee bajo la sombra de aquel almendro, pero he de admitir que el tiempo que estuve a su lado fue muy ameno. Me acerqué a ella y le di un fugaz beso en la mejilla, tras lo cual alcé mi mochila y me levanté del pasto verde.

Bueno mi querida Dee, ten cuidado de no quemarte, ahora he de marcharme, nos vemos el sábado...¡No me falles ehh! — Le comenté sonriente mientras me inclinaba señalándola con el dedo como me había hecho ella anteriormente. Comencé a caminar hacia la facultad de arte, pero paré en seco para darme la vuelta y mirarla levantando el pulgar, a modo de despedida. Me giré y continué caminando... El tiempo pasaría realmente lento, deseaba que el tiempo volase y encontrarme en el sábado a las cinco y media frente al centro comercial, esperando a mi adorada pelirroja. ¿Qué es lo que me estaba ocurriendo, realmente esa chica me estaba llamando la atención más de lo que debería, quizás era la emoción de tener una amiga enserio por primera vez en mi vida, y era una persona agradable con la que adoraba pasar el rato. El tema de compartir piso era algo que ya no me preocupaba, pues si quería pasar tiempo con alguien, podía quedar con mi adora Dee, con la cuál disfrutaba de cada instante, ademas... ¡Siempre podríamos comer croissants de chocolate! Pensé mientras soltaba una risita, disimulando con mi puño, ligeramente ruborizada mientras continuaba caminando ingresando en mi amada facultad.

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