La pócima de la juventud y el polémico té negro [Priv.]

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La pócima de la juventud y el polémico té negro [Priv.]

Mensaje por Karen Kazumi el Jue Dic 04, 2014 3:29 pm

Realmente me había quedado un poco trastocada, el ver a aquellas repelentes niñatas tan monas con sus vestiditos y su ropita tan cursi, me hizo sentirme vieja y poco deseada... tal vez estaba exagerando un poco... pero tenía realmente miedo a que mi pequeño Nahuel me terminase abandonando... Me pellizqué las mejillas y respiré hondo, soltando tras ello un largo resoplido. "¡No, no lo perdería tan fácilmente!" Me dirigí con decisión al centro de la ciudad dónde comenzaría mi nuevo cambio de look.

Caminé por diversas tiendas mirando aquella ropa tan ligerita, por llamarla de alguna manera, hasta que encontré una tienda que parecía decente. He de decir que al entrar me acomplejé todavía más al ver tanta cría mirando ropa, pero aun así hice de tripas corazón y comencé a mirar ropa para probarme. Me sentía ligeramente frustrada con las camisetas del lugar... "¡Todas me apretaban las tetas!" Continué un buen rato mirando, ropa y más ropa hasta que por fin encontré dos cosas que podían valer, la primera fue un mono de colores marrones y verdes apagados, muy otoñal, de pantalón largo y tirantes, el cual me quedaba perfecto, haciéndome un cuerpo bastante bonito y para mi sorpresa... "¡Mis tetas entraban al ser holgadito!". Deseaba que el segundo conjunto me sirviese y para mi sorpresa lo fue, pues me iba cómo anillo al dedo, siendo un vestido con vuelo, por encima de las rodillas de color crema con flores marrones y anaranjadas, un escote pronunciado y tirantes, muy veraniego.

Pagué y salí de aquella tienda de niñas un poco más animada, al menos había podido entrar en algo de aquella tienda de niñas bulímicas. Paré en una zapatería, dónde me compre por primera vez en mucho tiempo unas bailarinas negras de tela, totalmente planas para usar con ambas piezas. Realmente ir de compras era algo que no me agradaba demasiado, supongo que al no ser una zorra anoréxica que entra en esos vestiditos para barbies que hacían hoy en día era algo que me frustraba demasiado. Al pasar por una tienda de accesorios, me detuve para comprar algunos accesorios para mi cabello, adquiriendo un juego de pinzas marrones las cuales usaría para llevar mi flequillo a un lado y despejar mi rostro. También compré un pañuelo de color violeta trasparente cómo de tul y un pequeño bolso.

Salí de aquella tienda ya un poco estresada, al menos agradecí que las bolsas de todas las tiendas menos la de accesrios, eran de cartón y no de plástico, por lo que se me hacía más fácil llevar todo. Me quedé pensando sobre mi cabello, recuerdo que una enfermera de Sauville repelente cómo ella sola con aquellos pelánganos quemados de tanta decoloración, me dijo que el color negro solía hacer más viejas a las mujeres porque endurecía las facciones y pese a ser una asquerosa con el pelo chamuscado, he de admitir que quizás tuviese razón... Paré en una peluquería cercana, decidida a teñir mi oscuro cabello, decidiendo un color más juvenil y lujurioso, saliendo una hora y media después con el cabello totalmente teñido de rojo pasión.

A una cuadra de la peluquería, encontré un pequeño negocio llamado "picante", al que entré por curiosidad bajando las escaleras ante aquel cartel tan luminoso y llamativo. En el momento en el que ingresé tragué en seco bastante nerviosa... aquella tienda era una sexshop y mi mirada quedó clavada en un picardías rojo pasión ligeramente transparente, que se abría por el centro desde los pechos y unos tacones altísimos del mismo color. Fui por ellos y me dirigía a caja a pagarlos, saliendo de allí disparada por la vergüenza. Caminé camino a casa, pero finalmente decidí hacer una pausa en una cafetería llamada "Tea and Milk", la cual tenía una inmensa vidriera por la cual se veía la gente tomando té con pastas en aquellas pequeñas mesitas redonditas de madera.

Ingresé al gran recinto, solicitando un té negro y entrando mientras en el servicio, donde me cambié poniéndome el mono otoñal recién adquirido, coloqué dos pinzas llevando mi flequillo a un lado y cambié mis zapatos por las bailarinas negras. Antes de salir del servicio, me quedé mirándome en el espejo y he de admitir que las adquisiciones para parecer más juvenil funcionaron, pues volvía a parecer una niña de diecisiete años. Sonreí ampliamente al verme, algo que hacía mucho tiempo que no hacía y salí con las bolsas hacia una mesa de las que estaban junto a la cristalera, una de las pocas que estaban libres. Dejé las bolsas a un lado y me senté en aquella mesita coqueta, quedándome mirando a través de la ventana a la gente pasar, hasta que un minuto después la camarera me trajo el té. Me quedé ensimismada moviendo aquel saquito con la cuchara, pensando en si a Nahuel le gustaría el radical cambio que había dado, pidiéndole a Buda que así fuese, pero salí de aquel trance al escuchar una voz conocida.

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Re: La pócima de la juventud y el polémico té negro [Priv.]

Mensaje por Haru Mabuchi el Jue Dic 04, 2014 4:13 pm

Estaba cansado de caminar por el centro en busca de un puñetero estanco, realmente debía aprenderme pronto dónde se encontraban las cosas o estaría en problemas. Estaba bastante nervioso, llevar un tiempo sin fumar era algo que me alteraba y para ser sinceros llevaba desde el día anterior sin tabaco y de por sí frustrado, pues pensaba que vería a mi adorada Erin pero por algún motivo me mando un mensaje diciendo que no me podría ver y ese era uno de los motivos por el que llevaba desde ayer con un humor de perros. Caminé hasta que por fin vi el letrero que me salvaría la vida, un maravilloso cartel en el cual estaba escrito "Estanco". Entré y compré dos paquetes de tabaco, metiendo uno en cada bolsillo, deseando salir a fumarme uno, lo cual me apresuré a hacer.

Al pisar la calle saqué uno de los paquetes, lo abrí, saqué un cigarro, me lo coloqué en la boca y le di una gran calada, pudiendo sentir una enorme paz y relajación tras aquel acto tan simple. Me quedé parado un instante, sacando mi teléfono dispuesto a mandarle un mensaje a mi Erin, pero decidí abstenerme y caer en la noche cómo sorpresa en su casa, al fin y al cabo ya tenía su dirección. Caminé por el centro fumando aquel cigarro que sabía a gloria, sin duda alguna, el paraíso tendría que sentirse muy parecido a lo que mi cuerpo sentía en aquel momento, pura paz y felicidad. Me detuve en una cafetería inmensa para tomar un café, tirando la colilla terminada antes de ingresar en aquel inmenso recinto llamado "Tea and Milk". Al ingresar me acerqué a la barra a pedir una café con leche para intentar relajarme durante un rato, antes de volver a casa para hacer tiempo a que se adentrara más la noche para ir a visitar a Erin, pero algo inesperado me sorprendió enormemente, pues me quedé observando a una joven de cabellos rojizos exactamente igual a Karen, la japonesa malhumorada que había conocido en la enfermería de la academia en la que trabajaba en Sauville.

Durante un buen rato me quedé observándola, cómo recibía aquella taza y mareaba el saquito de té, la mirase el tiempo que la mirase, sin duda alguna por las expresiones de su rostro era ella. Decidí dejar de perder el tiempo mirándola y me dispuse a acercarme tras decirle a la camarera que llevase mi café a la mesa en la que se encontraba aquella japonesa pelirroja.

¿Karen? ¡Eres tú! No hay duda de ello, reconocería esos ojos aunque fuera de noche.— Le dije mientras me sentaba en la silla frente a ella.— Me alegra volver a verte y que estés aquí en París, te ves muy diferente así vestida y con el cabello rojo, te sienta muy bien.— Le comenté mientras le agradecía con un gesto de la cabeza a la camarera por traerme el café que había pedido.
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Re: La pócima de la juventud y el polémico té negro [Priv.]

Mensaje por Nahuel Huapi el Vie Sep 25, 2015 7:39 pm

Me encontraba realmente contento por haber obtenido el empleo finalmente, la ansiedad surcaba por mis venas ya que no podía esperar a darle las buenas noticias a Karen, además que parecía que iba a ser mucho más tranquilo de lo que esperaba a pesar de que era muy posible que tuviese que rehacer toda la instalación eléctrica de la institución pero eso realmente me haría más fácil el trabajo de mantenimiento a largo plazo además que en caso de tener que dejar el trabajo podría dejar todo prolijo para el próximo que ocupara mi puesto, sabía perfectamente lo problemático que llegaba a ser tener que ir adivinando a que correspondía cada cable a medida que se hacían los arreglos en las instalaciones viejas.

Iba con paso calmado por el centro de la ciudad rumbo a casa, mientras miraba las vidrieras y escaparates por mera curiosidad, aunque realmente me costaba entender como aveces las personas se entretenían tanto observándolas, al fin y al cabo a no ser que necesitara algo en concreto nunca observaba mucho realmente o la mayoría de las cosas carecían de importancia. Al pasar por una joyería pude observar un par de alianzas las cuales me quede observándolas un instante, eran delicadas y finas, de un color plateado reluciente, me sentí tentado de ir a preguntar pero realmente el hecho de que en ese momento no podría adquirirlas me hizo simplemente seguir de largo, quizás más adelante tendría más sentido.

Mientras continuaba mi marcha me quede pensando en ellas, una pequeña sonrisa se me dibujaba en el rostro al imaginar su delicada mano adornada con ella, aunque por un instante me invadió un pequeño miedo en lo profundo que hizo sentir un escalofrío desde lo más profundo de mi espina llegando hasta la punta de mis extremidades, pero era tiempo de dejar el pesimismo a fin de cuentas no tenía porque pasar nada malo, el pasado debía quedarse allí y no podía dejar que ello me impidiese disfrutar de lo que me estaba pasando en este momento finalmente, ya que al fin tenía una persona con quien compartir mis alegrías y apoyarme en mis penas.

En lo que pasaba por el frente de una cafetería al mirar por la ventana pude observar algo que me llamo mucho la atención por alguna razón, en el interior había una mujer y un hombre tomando algo y charlando, pero aquella mujer me resultaba muy familiar por algún motivo el cual rápidamente pude dilucidar ¡era Karen!, por un momento me sentí algo tonto al no reconocerla al instante aunque debía reconocer el había tenido un cambio muy abrupto de la noche a la mañana, literalmente hablando.

Decidí entrar allí sin más, aunque en parte me daba algo de incomodidad el hecho de que había alguien más con ella, tenía una pequeña sensación de estar molestando, pero a fin de cuentas era su pareja no podía pensar de esa manera, aunque algunas cosas comenzaron a surgir en mi mente, hasta por un momento pensé seriamente si no me estaría equivocando y realmente ella no fuese quien creía y se tratara de alguien más ¿tanto la extrañaba como para alucinar?.

Cuando finalmente estuve junto a ella, me quede parado a su lado pasmado, realmente aquel cambio de imagen era muy llamativo y captaba toda mi atención aunque no podía decir realmente que se encontraba aún más atractiva que antes, a fin de cuentas podía sostener que más hermosa de lo que la veía era imposible, solo que podía cambiar la forma de ella, que era lo que realmente hacia, ¿sería que realmente estaba enamorado de ella o en efecto era así? poco me importaba a decir verdad, aunque debía admitir que me sentía algo intimidado en ese momento, aquel cambio me había sorprendido y desarmado por completo.

-¡Cielo!.- dije finalmente intentando articular palabra.- Que alegría verte aquí.- y sin duda lo era, a fin de cuentas me encontré con ella antes de lo que hubiese hecho si debiera llegar a casa para verla.

Rápidamente me percate de que había ignorado completamente a su acompañante, por lo que me acerque ligeramente a el extendiéndole mi mano para saludarle.- Soy Nahuel.- le dije con un tono más calmado y neutro.

Podía observar que tenía rasgos asiáticos al igual que Karen, lo cual me sorprendió un poco, quizás se trataría de algún conocido de aquellas tierras.
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