Un pequeño oyente oculto en mi aula. [Priv]

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Un pequeño oyente oculto en mi aula. [Priv]

Mensaje por Arizona Steward el Miér Dic 10, 2014 10:40 pm

No paraba de pensar en la mañana que había tenido. Había conseguido llegar a mi primera clase de milagro por la genial idea de ponerme a planchar media hora antes de salir de casa, pero pese a todo estaba contenta por haber podido llegar y haberme dado a conocer a mis alumnos nuevos. Para mi llegar un primer día tarde era un insulto hacia la propia rectora del centro, y me habían dado una oportunidad que no muchos me habrían dado tal vez. Para mi primer día había elegido mis mejores zapatos negros con algo de tacón acompañado de mi falda negra de tubo con una pequeña obertura a un lado y mi camisa blanca con mi corbata verde clara.

Aquella clase intenté hacerla lo más amena posible para no agobiarles demasiado. Mi intención era presionar sus pequeñas mentes para que lograran un buen rendimiento, pero el primer día no era el indicado. En su lugar les entregué la que sería la programación de aquella asignatura con sus conceptos, objetivos y actitudes, el listado del temario y el material didáctico que necesitarían. Aquello para mí era algo normal que utilizaba en mí día a día pero para ellos puede que todo sonara a desconocido, por lo que me paré detenidamente en cada punto para explicarles cada cosa.

Cuando me quise dar cuenta la clase estaba a punto de terminar, así que agilicé mis explicaciones.

- Antes de que me preguntéis, el temario os lo dejaré en la fotocopiadora. – les informe mientras apoyaba mis dos manos sobre mi mesa de trabajo. – Esta asignatura es algo compleja y preferí hacer yo el temario a obligaros a estudiar un libro que puede que olvidéis en un escaso mes.

Aquello que acababa de decir era cierto y lo sabía por experiencia. Yo apenas recordaba la mitad de las cosas que me había estudiado en libros que ni entendía solo porque a los profesores no les apetecía trabajar sus propios temarios. Solo los que decidieron crear sus propios temarios fueron los que hicieron que recordara todo hasta día de hoy.

- También os incluyo mi e-mail por si necesitáis consultar algo o solicitar tutorías. – dije ajustándome las gafas en mi rostro. – Por lo que respecta a los trabajos se entregaran en mano, el que lo mande a mi e-mail lo borraré inmediatamente. No toleraré ningún copia y pega y exigiré una bibliografía en cada trabajo para saber de dónde habéis sacado la información, aunque en algunos casos os diré yo de donde debéis sacarla.– concluí claramente. No iba a tolerar ningún papagayo sin cerebro en mi asignatura.

Me sacudí mi falda que tenía algunas mijillas blancas y alcé nuevamente la mirada hacía ellos con una ligera sonrisa.

- Y con esto concluyo la clase de hoy. Cualquier duda que tengáis no dudéis en preguntarme o buscarme. Podéis salir.

Me quedé en mi sitio analizando los contenidos que tendría que dar en mi segunda clase mientras esperaba a que los alumnos salieran del aula tranquilamente. Saqué mi agenda de mi maleta de piel marrón oscura de trabajo y me puse a observar cada una de las cosas que tenía que hacer hoy, entre ellas comprar algo de comida para no morir de hambre. Había llegado hace una escasa semana a París y aún no había vaciado ni la mitad de mis cajas, ordenado mi nuevo hogar o hecho una compra decente.

“De hoy no pasa Arizona, vas a ir a comprar un buen carro de comida, vas a prepararte una buena cena y vas a tener lista tu primera clase magistral” pensé para mí misma. Cerré mi agenda no sin antes poner mis planes de hoy y la guardé en la maleta, para aprovechar y seguir analizando los puntos de la siguiente clase.


Última edición por Arizona Steward el Mar Dic 16, 2014 3:38 pm, editado 1 vez
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Re: Un pequeño oyente oculto en mi aula. [Priv]

Mensaje por Juliette Briand el Lun Dic 15, 2014 5:22 am

Por fin se había terminado la agotadora hora. Entre las nauseas y el intenso sueño que tenía, no veía la hora de irme de allí. Quería preparar con Heinz la acampada que tenía programada con Nana y Lautaro, estaba ansiosa de ello y me preguntaba si Haru también vendría. Esperé que casi todos los alumnos de la clase se fuesen y me acerqué a la mesa en la que Arizona, mi profesora de cabellos pelirrojos y grandes senos se encontraba.

Perdone...— Dije con timidez, pese a haber hecho amigos en Sauville cómo Nana, o incluso haber conocido y llegado a aquellos puntos con mi amado Heinz, todavía me costaba tratar con personas que no eran cercanas, y afloraban mis inseguridades y vergüenzas a la hora de generar un acercamiento.

Verá, soy Juliette Briand, y quería comunicarle que quizás me ausente alguna vez a su clase... — Comencé a explicarle ligeramente nerviosa mientras buscaba el orden de las palabras dentro de mi propia cabeza. Me llevé la mano al vientre y con una sonrisa cálida intenté seguir hablando.— Estoy de casi tres meses, así que si falto alguna vez es por los controles o las clases de preparación al parto que tendré.— Le comenté completamente feliz.

La verdad es que aquel embarazo inesperado había aflorado muchísimas cosas nuevas en mi interior, y estaba ansiosa de ver cómo saldría el fruto nacido del amor de Heinz conmigo. La miré con alegría, esperaba que aquello no pusiese en peligro mis estudios, pero era algo que estaba sobre encima de todas las cosas.

Bueno y eso es todo, perdone las molestias, le prometo dar todo de mí en su materia.— Le dije a modo de despedida mientras zarandeaba mi mano. Salí de aquella clase bastante nerviosa y apurada, suponía que había hecho bien y esperaba que mi profesora de de "Fundamentos didácticos y organizativos de la Ed. Infantil" no se enfadara demasiado por faltar a su clase si cuadraban con las revisiones. Salí tan apurada que choqué con un chico que se dirigía hacia la clase de la que acababa de salir.— ¡Perdón!.— Dije mirándole al rostro antes de volver a salir escopetada. Realmente cada día me volvía más y más patosa y eso era algo que debía cuidar, más ahora que estaba esperanzo un hermoso retoño con Heinz.

Cuando salí fuera, la luz del sol me deslumbró, hacía un maravilloso día y faltaba realmente poco para la quedada que tanta ansia me había generado desde que vivía en Sauville. Sonreí y me fui dando pequeños saltitos hacia el estacionamiento para poder agarrar mi lujoso mercedes para poder irme a casa y dormir una larga siesta.

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Re: Un pequeño oyente oculto en mi aula. [Priv]

Mensaje por Leonardo Michaelis el Lun Dic 15, 2014 6:04 am

Termino la clase de literatura y suelto un largo suspiro, por fin termino las clases por hoy. Deseo con ganas poder sentarme en mi cama y leer "De todo corazón 111 poemas de amor". El titulo suena muy cursi, lo se, pero fue uno de los primeros libros de poemas que leí y deseo volver a hacerlo. Realmente lo que quiero leer es “Amour printemps” del conocidísimo "Matthew Baldwin", pero por ahora no hay noticias sobre la fecha de publicación de ésa novela. Bajo las escaleras y mi profesora de literatura me detiene para darme una carpeta, realmente mi profesora Annie es una preciosidad, además de una profesora muy buena e indulgente, pero hacerle un recado ahora era algo que me molesta debido a mis prisas.

Leonardo... ¿verdad? Perdona que te moleste, pero por equivocación me he traído el programa de la clase de la profesora de Fundamentos didácticos y organizativos de la Ed. Infantil. ¿Me harías el favor de llevársela? Creo que ahora está en un descanso en el aula 7C— Me dice con aquel dulce tono que siempre mantiene. La miro mientras tomo la carpeta con mi mano.

Está bien.— Le digo con voz suave, camino hacia la puerta.— Yo me encargo, pero mande alguna novela de Matthew Baldwin para algún trabajo.— digo mientras levanto la carpeta a modo de despedida. Realmente si llega a poner alguna de sus novelas para algún trabajo, mis notas serían espléndidas.

Camino hacia el aula 7C que Annie me había pedido, veo a mi hermano pasar con aquel sex appeal tan típico de él, en ocasiones me irrita... Mi mente se distrae durante un segundo, el suficiente para no darme cuenta de que una chica me choca contra el pecho. Mi mano se coloca con agilidad en su espalda, benditos reflejos...

¡Perdón!— Exclama mirándome al rostro con aquellos ojos castaños, con sus rizos cayendo a los lados del rostro. Suelto un pequeño "uhm" para indicarle que no pasa nada y niego con la cabeza. Veo que sale corriendo y la sigo con la mirada. "Que chica tan mona", pienso para mis adentros.

Miro mi ropa y acomodo mi camiseta negra con mis manos, sin soltar aquella carpeta roja. Aliso mis pantalones vaqueros casi negros con la palma de mi mano y la llevo a mi cabello, echándolo para atrás, pues sigue tan rebelde cómo siempre. Mis pasos firmes hacen que mis zapatillas negras luzcan hermosas, al menos para mi gusto. Llego al aula y miro el cartel, en el que leo "7C". Entro en ella y me dirijo esquivando los últimos alumnos que salen de ella. Consigo llegar a la mesa de la dichosa profesora y le dirijo una mirada.


"¡No son más hermosos los cabellos rojizos del sol, que iluminan los corazones grises más que una noche oscura?"


La inspiración vino a mi mente, en forma de aquella frase. Yo, un ser oscuro y nocturno, acababa de ser cegado por los rayos de una diosa del sol. La miro enrojecido intentando mantener la calma, cegado todavía por su belleza.

La profesora de Literatura Annie le quiere devolver ésto junto a una disculpa.— Le digo mientras dejo la carpeta frente a ella. Aquella mujer me ha encandilado, era una diosa con aquellos hermosos ojos ambarinos y su pelo del color del fuego.


"Con tal de pasar un instante junto a ella, me inmolaría, hipnotizado por ése fuego que ha encendido la chispa del amor"


Aquellas frases revolotean por mi cabeza, no se que me ha hecho ésta mujer, pero ha conseguido prenderme fuego el corazón con tan sólo una mirada de aquellos ojos color ámbar.

Mi nombre es Leonardo Michaelis, a su servicio "signorina".— le digo pronunciando "señorita" en mi italiano natal mientras le hago una especie de reverencia.— Un gusto conocerla.— Le digo con la mano extendida en mi pecho, sobre el corazón y la otra tras la espalda, inclinado levemente hacia delante.

Me vuelvo a erguir y me quedo observándola, deseando que diga cualquier cosa que me obligue a quedarme allí para conocerla el tiempo que tuviese libre. El libro que tengo en mi bandolera de cuero marrón, ha perdido importancia, no me interesaban 111 poemas de amor, cuando tengo el amor encarnado en mujer frente a mí.
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Re: Un pequeño oyente oculto en mi aula. [Priv]

Mensaje por Arizona Steward el Lun Dic 15, 2014 8:20 pm

Mientras preparaba mis cosas y buscaba otras tras aquel final de clase escuché una voz algo tímida que se dirigía hacia mí. Elevé la mirada sin expresión alguna y pude ver como una dulce chiquilla se dirigía a mí para explicarme que se tal vez se ausentaría en algunas de mis clases. Aquello me hizo fruncir mi ceño, no me gustaba mucho la gente que me venía con esas, pero lo siguiente me saco totalmente de mis pensamientos.

- Estoy de casi tres meses, así que si falto alguna vez es por los controles o las clases de preparación al parto que tendré.

Aquello me hizo elevar mi cabeza rápidamente y antes de poder decirle nada ya se estaba despidiendo y saliendo por la puerta. Mi cara estaba casi descompuesta ante aquello.

- Pero si solo eres una chiquilla…- dije apoyando mis manos sobre la mesa y resoplando. – En fin, no eres quien para juzgarla Arizona, así que cierra tu boca y sigue pensando en donde narices esta tu programa de clase.

Seguí buscando el dichoso programa entre mis cosas y dejar para después el pensamiento de que debía hacer un programa especial para una alumna con un garbancito en su interior que en un par de meses iba a hacer que faltara más y más a clase.

- ¡Mierda! – dije en voz baja. – ¿Dónde estás…?

- La profesora de Literatura Annie le quiere devolver ésto junto a una disculpa. – dijo una voz que provenía de delante de mí y que acto seguido me hacía encontrar la dichosa programación. - Mi nombre es Leonardo Michaelis, a su servicio "signorina". Un gusto conocerla.

Me quedé observando cómo se inclinaba para saludarme como los caballeros de las novelas o de las historias de castillos y princesas. Mi cara no pudo evitar ser un poema mientras le observaba detenidamente aquellos cabellos azabache rebeldes y su elegante pero sencilla forma de vestir.

- Emmm. – dije apoyándome un poco sobre la mesa y llevándole un dedo a la cabeza que seguía inclinada y con una ligera sonrisa por aquella situación tan caballerosa que me parecía algo curiosa. – Ojalá todos me mostraran ese respeto, pero elévate que vas a hacer que me crea que soy alguien importante.

Alcancé la carpeta roja que tenía mi programa y observé que estuviera completo. Volví a dirigir mi mirada hacia aquel joven que me parecía tan peculiar.

- Muchas gracias por traérmela.- Agradecí llevándome la carpeta a la cabeza. - Esto aunque te resulte una tontería es mi arma, y sin ella sería un completo desastre en mi aula.

Introduje la carpeta en mi cartera de trabajo y la cerré tranquila.

- Si vienes de parte de Annie significa que perteneces a su clase, Literatura ¿me equivoco? – dije apoyando la cartera sobre la mesa. – Un placer Leonardo, me llamo Arizona Steward y bueno, ya sabes cuál es mi asignatura. – dije sonriente. – Si algún día necesitas consejos sobre docencia no dudes en acudir a mí, encantada te ayudaré, pero ahora si me disculpas voy a la sala de profesores a dejar unas cosas y me voy a mi casa. – comencé a salir de aquel aula en la que nos encontrábamos nosotros dos solos. – Hace una escasa semana que llegué aquí y necesito organizar mi casa y mi vida.

Estaba deseando llegar a mi casa para quitarme aquella ropa, ponerme unos buenos shorts, hacer una gran compra, una buena cena, pensar en cómo evaluaría a la pequeña Juliette y darme un buen baño relajante después de tanto estrés. Realmente mi cuerpo me pedía un baño de espuma en mi nueva bañera de estilo vintage que me enamoró desde el primer segundo que la vi mientras escuchaba "La vie in rose" de Edith Piaf. Me dí unos golpecitos en  mi hombro sobrecargado mientras suspiraba por el fin de mis clases.
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Re: Un pequeño oyente oculto en mi aula. [Priv]

Mensaje por Leonardo Michaelis el Mar Dic 16, 2014 6:03 am

Escucho con atención a la preciosidad que tengo delante, cupido me ha alcanzado con una de sus flechas y me siento sometido a lo que me hace sentir. Con cada palabra que sale de sus dulces labios me hace caer más y más enamorado de aquella diosa de cabellos del color del fuego, del mismo color que el fuego que arde en mi corazón. La veo levantarse y el nerviosismo se apodera de mí.

¡Espera, Arizona!— Le digo en aquella enorme aula vacía, deteniéndola en el umbral de la puerta mientras la agarro de la muñeca con firmeza pero sin dañarla.

Me quedo blanco durante un instante, no se que decirle ante aquel impulsivo causado por la borrachera de amor que siento. Trago saliva y una de mis obras favoritas se asoma por mi cabeza.

"Con las livianas alas del amor salté estos muros, pues para el amor no hay límites de piedra, y lo que el amor puede lo ha de intentar, amor"

"¡Ay de mí! Temo el peligro de tus ojos mucho más que a veinte espadas. Si así dulce me miras, resistiré su enemistad..."— Recito de memoria aquel tramo de mi querida y amada obra "Romeo y Julieta". Ella era mi Julieta, y yo sería el montesco que renunciaría al mundo jurándole a la luna, con tal de estar a su lado.— Déjame ayudarte a con la mudanza.— Le ruego sin soltar su muñeca, aquella fina muñeca presa de mis firmes manos.

Temo que mi señora Capuleto se vaya lejos y no pueda volver a hablar con ella, Annie me había otorgado el mayor de los placeres, que era poder conocer a Arizona, sintiendo aquel flechazo que recorre mi cuerpo cómo una sacudida eléctrica, pero a su vez me hace sentir temeroso de no volver a tenerla junto a mí.

Me quedo en silencio y la observo, ésta vez con más detenimiento, ésa camisa blanca, que luce con su hermoso busto, por el cual cae una corbata verde, ésa falda de tubo que resalta las curvas de su bello cuerpo, haciéndome caer rendido ante tanta belleza. Incluso sus tacones participan en marcar las curvas femeninas que denotan con firme clareza que es una mujer, la más bella de las mujeres que habitan la tierra. Sus cabellos de fuego me deslumbran, me ciegan, me hace desearlos acariciar aunque me haga quemar en el intento. Suspiro, no se si piensa que soy un lunático tras recitarle aquello que había asomado furtivo por mi mente.

Dime... me dejarás ayudarte, "la mia signorina" — Le digo mientras deslizo mi mano para tomar la suya y besar con dulzura la parte alta de ésta, mientras me inclino con caballerosidad. Recuerdo aquella frase que me dijo...


"...pero elévate que vas a hacer que me crea que soy alguien importante"


Si supiese, mi señora, que ella es la más importante en mi mundo, desde el momento en que sus cabellos rojos me cegaron, cómo si quisieran protegerme de la realidad....
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Re: Un pequeño oyente oculto en mi aula. [Priv]

Mensaje por Arizona Steward el Mar Dic 16, 2014 1:57 pm

Justo cuando estaba saliendo por la puerta sentí como la mano de aquel chico tan formal me sujetaba la muñeca firmemente pero sin hacerme daño, algo que hizo ruborizarme un poco. Hacía casi dos años que no dejaba que ningún hombre tuviera ningún tipo de contacto conmigo, era como una alergia que intentaba evitar, pero lo sorprendente no fue aquello, sino la cara se me quedó al escuchar como recitaba un pequeño fragmento de Romeo y Julieta.

- "¡Ay de mí! Temo el peligro de tus ojos mucho más que a veinte espadas. Si así dulce me miras, resistiré su enemistad...". – No pude evitar poner cara de asombro ante aquello. - Déjame ayudarte a con la mudanza. – concluyó diciéndome.

Me quedé anonadada ante aquellas palabras de romeo atrevido mientras volvía a insistir en ayudarme con una mudanza que me tenía más que frita. Lo miraba con detenimiento tras aquel ofrecimiento que me acababa de hacer. ¿Eran todos los hombre de Sagesse así de principescos? Ante esa situación no pude evitar reírme nuevamente. Aquel joven realmente me había llamado la atención.

- No debería decirte que sí que te quede claro, eres un alumno el cual acabo de conocer y yo una profesora, pero estoy hasta el gorro de las cajas y tu ofrecimiento puede que me evite morir de espanto entre tantas cosas. – Le dije soltando mi mano de su muñeca. – Además que estoy deseando tener una casa ordenada y una vida sin prisas por que no sé dónde está cada cosa. Coge tus cosas y espérame aquí, yo voy a dejar unos papeles en la sala de profesores y te recojo. – concluí con una sonrisa de agradecimiento mientras terminaba de salir de clase. – Nos iremos andando, mi casa no está muy lejos de aquí.

Me dirigía hacia la sala de profesores con paso tranquilo cogiendo mi carpeta y unos papeles que debía entregar referidos a mi asignatura mientras seguía pensando en cuantos chicos habría hoy en día con esos formalismos tan poéticos. Entré en la sala de profesores la cual estaba vacía llevando mi rumbo hacia los archivadores que contenían información de todas las clases. Me gustaba tener mi trabajo al día y sin papeles perdido. Mis tacones resonaban por toda aquella sala tan grande donde había mil y una cosas para nosotros, los docentes de aquel centro.

- ¿En serio Arizona? ¿Vas a meter a ese chico en tu casa? – me dije a mi misma. – Bueno, piensa que pronto tendrás un cálido hogar en el que podrás danzar todo lo que desees sin estrellarte en cajas con deseos ocultos y pensar en cómo mimar a tus alumnos. – dije pegando unos brinquitos mientras dejaba la carpeta en su sitio después de haber introducido los papeles. De pronto se me vino a la mente la pequeña Juliette que tan tímidamente me había dicho aquello sobre su pequeño inquilino. He de admitir que la vi demasiado joven, pero era algo hermoso poder tener un pequeño en un cálido hogar. Aquello me hizo recordar a Arnold y aquel plan que teníamos de formar una familia que nos arrebataron sin previo aviso, pero sin agachar la cabeza opté por dejar de lado aquellos recuerdos y centrarme en mi nuevo empleo.

Me dirigí hacia al gran tablón que había en una de las paredes donde ponía el horario de cada uno de los profesores que había en aquella universidad para buscarme entre ellos confirmar a qué hora tenía mañana mi primera clase. Observando cada uno de los nombres llamó mi atención en uno de los apellidos de uno de los profesores.

- ¿Michaelis? – dije en voz alta recordando lo que el joven romeo me dijo nada más presentarse. – ¿No se apellidaba así Leonardo? Mmmm…- me quedé observando y pude ver cómo era un profesor de Lingüística. – Francesco Michaelis…suena tan renacentista ese nombre. En fin ya me esteraré de quien eres señor Francesco. – dije tapando mi boca con una risilla traviesa. No podía evitar aquello, eran nombres tan formales que causaban algo de gracia.

Volví a lo mío buscando mi nombre que estaba casi al lado del suyo y apunté mis clases de mañana. Hoy había tenido una única clase, pero aquel horario me señalaba que mañana tendría una tutoría y dos clases, algo que me estresaba un poco más. Apunté aquello en mi agenda y salí de la sala para encontrarme con el muchacho que me ayudaría a organizar mi casa de una vez por todas mientras pensaba en la cena que iba a preparar.

- Moussaka moussaka ¡moussaka para cenar! – me puse a canturrear felizmente por el pasillo dirigiéndome hacia mi aula. – ¡Esta noche moussaka para cenar!
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Re: Un pequeño oyente oculto en mi aula. [Priv]

Mensaje por Francesco Michaelis el Miér Ene 14, 2015 4:45 am

Por fin termino la última clase del día, respiro hondo mientras recojo las cosas y los alumnos abandonan la clase. Veo a las jovencitas girarse para observarme sonrojadas y les dedico una sonrisa, cómo casi todos los días se van entre risas y frases cómo "qué mono es", por momentos pienso "qué sencillo es hacer sonreír a las chicas cómo ellas, con qué poco se conforman". Termino de guardar las cosas en mi maletín de cuero negro y me levanto de la silla, acomodando mi camisa de seda blanca con mangas abombadas y corrigiendo las arrugas de mi pantalón de vestir negro. Observo que los cordones de mis zapatos de cuero negro estén bien atados y me levanto de la silla. Antes de agarrar el maletín me cercioro de que mi coleta baja agarra toda mi melena rubia y tras ésto agarro el maletín y me dirijo a la sala de profesores.

A decir verdad tengo ganas de llegar a casa y sentarme a leer algo nuevo, estoy un poco cansado de los clásicos y mi hermano estaba tan insistente con las novelas del famosísimo Matthew Baldwin que accedí a leer una de sus novelas para ver qué es lo que tiene ese escritorcillo para que todos estén con su nombre en la boca. Camino entre la multitud de jóvenes sin detenerme, pensando en qué hacer para cenar ésta noche, aunque también me pregunto si Leonardo vendría para la cena. Cuando llego a la sala de profesores me detengo en seco al escuchar una voz femenina.

Francesco Michaelis…suena tan renacentista ese nombre. En fin ya me enteraré de quien eres señor Francesco.— Escucho decir a una dulce voz femenina. Retrocedo unos pasos hacia atrás y me quedo contra la pared, he de admitir que me siento cómo un espía, algo patético, pero no estoy seguro de cómo actuar ante una voz tan bonita pronunciando mi nombre. Escucho esa risilla y me ruborizo cómo un estúpido, no estoy muy seguro de por qué. "¿Renancentista?" Me preguntó a mí mismo...

Me asomo un instante con curiosidad para ver a una hermosa pelirroja apuntar algo en un cuaderno. Vuelvo a retroceder y puedo escuchar mi corazón latir con fuerza y ritmo acelerado. "¿De dónde había salido aquella preciosidad?" De pronto la vi salir en la dirección contraria a la que estaba yo, con la suerte de que no me vio al hacerlo.

Moussaka moussaka ¡moussaka para cenar! ¡Esta noche moussaka para cenar!— Canturreaba por el pasillo con aquella dulce voz que me cautivó.

Me apresuro a entrar a la sala de profesores para ver los horarios de éstos, por suerte ésta mañana sólo había una profesora que trabajaba, por lo que rápidamente la localicé.

¿Arizona Steward?— Pregunto con voz baja y suave a la nada. "¿Sería aquella pelirroja Arizona?" Me pregunto a mí mismo para mis adentros mientras escucho mi corazón latir con fuerza. Fuera cómo fuera en el horario ponía que al día siguiente trabajaría, y estaría preparado para ello si realmente se trataba de ella. Respiro hondo y suelto un largo suspiro antes de dejar unos informes en el casillero y salir para volver a mi casa. Camino por los pasillos en dirección a la puerta de salida y monto en mi coche, me pongo el cinturón y relajo mis manos sobre el volante.

Arizona Steward...— Digo en aquel auto vacío mientras recuerdo aquellos cabellos rojizos hipnóticos que me llenaron de ansiedad. Arranco el coche y tomo dirección hacia casa, pensando todavía en aquella diva que había surgido del misterio en el momento en el que no imaginaba que el amor existiese hecho carne.
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Re: Un pequeño oyente oculto en mi aula. [Priv]

Mensaje por Leonardo Michaelis el Miér Ene 14, 2015 5:21 am

La vi irse por la puerta, pero pese a ello mi corazón no cesaba de latir con rapidez. Mi cuerpo era presa del nerviosismo y el desconcierto. "¿Lo había logrado? ¿Realmente iríamos a su casa?" Comenzaba a ponerme cada vez más y más nervioso, cada minuto que pasaba a la espera de Arizona en aquella inmensa aula desértica parecía un lustro interminable. "Calma Leo, respira hondo..." Me dije a mí mismo. Por un momento me preocupé, por mi mente pasó la idea de poder sentir su piel contra la mía, su cuerpo contra el mío, haciendo mía a aquella hermosa mujer de cabellos del color del fuego, pero... "¡No, no y mil veces no!" Me dije a mí mismo para mis adentros negando sin cesar con la cabeza. ¡Yo no era cómo los demás chicos, esa clase de hombres que solo piensan en llevarse a la cama a la mujercita guapa de turno para luego decir "Si te he visto, no me acuerdo"

Mi corazón latía con fuerza al recordar a Arizona, pero no porque  desease su cuerpo, que no es que no lo hiciera, pero no era sólo por eso. Sentía que cupido me había atravesado con una de sus flechas amorosas, consiguiendo que mi corazón latiese más deprisa y más despacio al mismo tiempo, por momentos acelerado de emoción y de golpe cómo si me faltase el aliento y fuerzas para mantenerme vivo. "¿Ésto podía ocurrir con tan sólo un cruce de miradas?" Me sentía bastante conmocionado por todo y un poco desorientado, pero aún así iría, desde luego que iría a socorrer a mi amada en su mudanza. Estaba lleno de alegría y felicidad por su afirmación a mi petición de ayudarla y no pensaba echarme para atrás. Tenía que pensar rápidamente alguna estrategia para ganarme su corazón si no pertenecía ya a otra persona...

Me erguí durante un instante para acomodar mi ropa y mi cabello algo nervioso, en cualquier momento podía llegar aquella profesora de ensueño para llevarme a su casa. Su casa... Nuevamente  escenas de amor intenso y deseoso pasaban por mi mente. Me llevé la mano a la cara y con toda la palma cubrí mi rostro completamente ruborizado. "¿Qué me ocurre? ¿Desde cuando tengo éstos pensamientos lujuriosos...?" Me pregunté hacia mis adentros. Peiné mi cabello hacia atrás intentando tomar contacto nuevamente con la realidad. Respiré hondo y me puse tan recto cómo pude. Con una mano agarré mis pertenencias y la otra la metí en el bolsillo de mi pantalón. Tragué saliva algo nervioso e intenté apartar de mi mente las hipótesis de qué ocurriría en el piso de la profesora Arizona.

"Madonna mia ... Dammi la forza per Amore"


Última edición por Leonardo Michaelis el Dom Mar 01, 2015 6:30 am, editado 1 vez
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Re: Un pequeño oyente oculto en mi aula. [Priv]

Mensaje por Arizona Steward el Miér Ene 14, 2015 12:44 pm

A lo lejos ya podía ver a aquel curioso muchacho que tan insistentemente se había ofrecido  para ayudarme con una maldita mudanza que no tenía fin. Aceleré mi paso hasta que finalmente lo tenía ya a mi lado con sus pertenecías y con un tono algo rosado en su rostro. Me lo quedé mirando detenidamente y me acerqué rápidamente a su frente elevantando su flequillo, haciendo que su frente y la mía se unieran.

- Mmmm…- dije algo preocupada. – No parece que tengas fiebre…

Al ver aquella expresión suya me vino rápidamente la opción de que tal vez tuviera un poco la temperatura elevada, pero su temperatura era la correcta, así que deduje que era aquel lugar cargado. Me retiré nuevamente y me di por vencida con mis hipótesis poco acertadas.

- ¡Vámonos pues! – añadí acompañándolo con una sonrisa dulce. – Tengo la sensación de que gracias a tu ayuda esta noche podré dormir plácidamente.

Parecía una tontería, pero una casa llena de cajas no era una casa, más bien era un trastero en el cual ni podías manejarte, moverte o dormir a gusto, y sinceramente necesitaba dormir de una vez por todas, sin cajas o pesadillas en mi mente. Estaba más que harta de despertarme con ese nudo en la garganta pegando gritos, necesitaba salir de aquella monotonía, algo que Sagesse me había ofrecido misteriosamente, pero al llegar aquí aparte de más pesadillas me gané una buena tonelada de cajas, y ahora iba a quitarme uno de esos problemas gracias a aquel chico sacado de un libro de Shakespeare.

Nos dirigimos por los jardines de la universidad para poder salir e ir directos hasta el supermercado y finalmente mi casa. Comencé a pensar en la cena y en los ingredientes que debía cocinar contándolos con mis dedos mientras escuchaba tan solo mis zapatos taconear por el asfalto de los pasillos de los jardines principales.

- Espero que te guste la moussaka. – le dije observándolo. – Ya que me ayudas como mínimo te haré una buena cena.

Mientras caminábamos observaba lo elegante que era para ser un estudiante. Realmente parecía un personaje sacado de una novela. Su cabello era tan hermoso que me daban ganas de colar mis dedos y despeinarle mientras lo abrazaba. Me quedé un segundo pensando en lo que acababa de pasar por mi mente y como si fuera un error lo retire de mi cabeza mientras miraba a otro lado para dejar de pensar en cosas que no venían a cuento con un alumno de aquel lugar.

“¿Estás de broma Arizona?” Pensé para mis adentros. “Cajas y moussaka, cajas y moussaka ¡Solo cajas y una maldita moussaka! ¿En qué narices estás pensando?”

Aquello me lo repetía una y otra vez con tal de que aquella estúpida idea saliera de mi cabeza. Me paré a pensar en los ingredientes de la cena para lograr calmarme, pero ni las berenjenas, la menta o la carne picada ayudaban, y menos la bechamel o la canela.

“¿¡Por que lleva canela la moussaka!? ¡Malditos griegos lujuriosos con sus platos afrodisiacos!”

Me obligué a respirar y con mis dos manos me di dos pequeñas palmadas en la cara para sacarme las ideas impropias de la cabeza. Di una ultima bocanada de aire, como si me fuera a zambullir en el agua, y lo solté lentamente notando como mis nervios se calmaban.

- Por cierto. – le dije cortando en seco mis pensamientos. – Las cajas están numeradas. Las que pone un uno son del salón, las del dos son de la cocina, las del tres de mi cuarto, y las del número cuatro…- “Son de Arnold” finalicé para mí misma. – Son solo dos pero no las toques.

Aquel nombre me hizo cortar mis pensamientos radicalmente sintiendo un nudo en la garganta obligándome a mirar al cielo mientras de una vez por todas procedíamos a salir de aquella enorme Universidad que parecía que nunca tuviera salida.

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Re: Un pequeño oyente oculto en mi aula. [Priv]

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